Lo que no se dice...
23 de octubre de 2026


ESCENARIO. Después de varias semanas en las que las versiones, los señalamientos y las especulaciones políticas encontraron en la detención del exfiscal César Jáuregui un tema de primer orden, la gobernadora Maru Campos decidió salir a contar su propia versión de los acontecimientos. Lo hizo en medios nacionales, donde reconstruyó una secuencia que va desde el encuentro con la presidenta de México en Ciudad Juárez, cuando solicitó públicamente una audiencia, hasta los acontecimientos relacionados con la detención de quien fuera uno de los hombres más importantes de su administración.
CONTROL. Desde la semana pasada, el caso Jáuregui se había convertido en el centro de atención, con una narrativa en la que el exfiscal aparecía como una figura desplazada, mientras sobre Maru Campos recaía la sospecha política de haberlo dejado solo o de no haber intervenido en su defensa.
VERSIÓN.- La gobernadora puso énfasis en que el operativo de El Pinal se habría realizado sin informarle debidamente y que hubo decisiones tomadas por funcionarios de la Fiscalía al margen de los conductos institucionales. La explicación es relevante porque busca establecer una línea de responsabilidad entre quien encabezaba la Fiscalía y quien dirige el Poder Ejecutivo.
DISTANCIA.- La relación entre Maru Campos y César Jáuregui no era la de dos funcionarios que apenas coincidían en las reuniones de gabinete. Durante años fueron aliados políticos cercanos, y esa cercanía hace que la ruptura tenga una dimensión que trasciende el expediente judicial.
VICTIMIZACIÓN.- Mientras la gobernadora intenta fijar su posición, el entorno de Jáuregui ha construido una narrativa distinta: la de un antiguo aliado que habría sido abandonado y que ahora enfrenta consecuencias judiciales en medio de sus aspiraciones políticas. Su defensa ha señalado a Campos y ha relacionado la detención con la disputa por la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua capital.
IRONÍA.- En esta historia, los antiguos compañeros de ruta parecen haber descubierto que la lealtad política tiene sus propias letras pequeñas. Durante los años de cercanía, el equipo funcionaba como una unidad; ahora, cuando las preguntas apuntan hacia las decisiones del operativo, cada quien parece buscar su propia salida de emergencia.
PARTIDO.- El asunto dejó de ser exclusivamente jurídico cuando el PAN tuvo que enfrentar la inconformidad de militantes que respaldan a Jáuregui y que ven en su situación un factor determinante para la candidatura a la alcaldía capitalina. La dirigencia estatal, encabezada por Daniela Álvarez, anunció el 20 de octubre la suspensión del proceso interno para definir esa candidatura hasta que se aclare la situación jurídica del exfiscal. La decisión confirma que el caso ya incide directamente en la organización partidista y en sus tiempos políticos rumbo a 2027.
PRESIÓN.- La aparición de Maru Campos en medios nacionales le permitió recuperar espacio en la discusión pública, pero difícilmente representa el punto final del episodio. El caso tiene al menos tres dimensiones que seguirán entrelazándose: la investigación sobre el operativo de El Pinal, la delimitación de responsabilidades institucionales y el conflicto interno del PAN.
PRONÓSTICO.- Mientras Jáuregui continúe enfrentando su proceso y el PAN mantenga suspendida la definición de la candidatura, el expediente seguirá teniendo repercusiones partidistas.
DESENLACE.- Maru Campos decidió contar su versión y con ello consiguió disputar el control de una narrativa que amenazaba con instalarse sin su participación. La política chihuahuense se encuentra ante una paradoja: quienes durante años caminaron juntos hoy protagonizan versiones encontradas sobre un episodio que puede tener consecuencias institucionales y partidistas de largo alcance.

Desde La Rumorosa…
PENDIENTES.- Las protestas de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) han perdido presencia en la conversación pública, desplazadas quizá por otros asuntos que acaparan los reflectores. Sin embargo, que el ruido haya disminuido no significa que los problemas estén resueltos, ni mucho menos que las demandas de los trabajadores y las necesidades de los derechohabientes hayan encontrado respuesta.
JUSTICIA.- Hay una premisa que debería ser elemental: un trabajador que cuenta con condiciones laborales adecuadas, herramientas suficientes y reconocimiento a sus derechos tiene mejores posibilidades de desempeñar su función. Atender las demandas legítimas del personal puede contribuir a mejorar el servicio, pero esa relación no debe utilizarse como cheque en blanco para nadie.
CONTRADICCIÓN. Las protestas también dejaron sobre la mesa una cuestión incómoda: si parte de los reclamos se justificaron en la defensa de los pacientes y en la necesidad de mejorar la atención médica, ¿por qué no aprovechar la coyuntura para revisar todas las prácticas que pudieran perjudicarlos, incluso aquellas que presuntamente ocurren dentro de las propias unidades?
DENUNCIAS. En Parral circulan señalamientos sobre irregularidades en el manejo de medicamentos, prótesis y otros materiales médicos. Entre las versiones que merecen investigarse están aquellas según las cuales insumos disponibles en las unidades no serían entregados oportunamente a determinados pacientes y después aparecerían ofrecidos a cambio de dinero.
RESCATE. De confirmarse que algún medicamento o material médico se retiene deliberadamente para después ofrecerlo a cambio de dinero, ya no estaríamos ante un simple problema administrativo, sino frente a una posible conducta ilícita que lesionaría directamente a los pacientes. El asunto sería todavía más delicado si se tratara de prótesis o materiales indispensables para una cirugía, porque la necesidad médica coloca al derechohabiente en una situación de vulnerabilidad. No es lo mismo comprar por decisión propia un servicio particular que tener que desembolsar dinero para conseguir aquello que debería proporcionarse mediante los procedimientos institucionales correspondientes.
OPACIDAD. Si estas versiones circulan entre usuarios y trabajadores, la respuesta no puede limitarse a negarlas ni a pedir que nadie generalice. Hace falta revisar los controles de almacén, los registros de entradas y salidas, las recetas surtidas y pendientes, así como los mecanismos de asignación de prótesis y materiales quirúrgicos.
PRIVILEGIOS. Otro señalamiento que merece atención es el relacionado con prácticas médicas irregulares y cobros indebidos atribuidos a algunos profesionales que, según versiones que circulan en Parral, ya habrían sido cuestionados anteriormente y posteriormente regresado a sus funciones con respaldo sindical. La representación sindical tiene una función legítima en la defensa de los trabajadores, pero esa protección no puede confundirse con una patente de impunidad.
IRONÍA. Sería verdaderamente paradójico que, mientras se reclama un mejor servicio médico y se exige respeto para quienes trabajan en el IMSS, algunos pacientes tuvieran que enfrentar presiones económicas o dificultades adicionales para recibir insumos que deberían tramitarse por los canales institucionales.
SEGUIMIENTO. Las autoridades del IMSS, los órganos internos de control y las instancias de atención a los derechohabientes tienen la oportunidad de demostrar que las protestas sirvieron para algo más que ocupar temporalmente el espacio público. Derechos. La discusión no debe convertirse en una acusación generalizada contra el personal del IMSS, donde hay trabajadores que cumplen su labor en condiciones complejas y sostienen diariamente la atención de los pacientes. Precisamente por respeto a ellos es necesario identificar y sancionar, cuando existan pruebas, las conductas que dañan la confianza en la institución. Defender a los trabajadores honestos también implica evitar que posibles irregularidades queden cubiertas por el silencio o por la lealtad mal entendida. La responsabilidad debe ser individual y acreditada, no colectiva ni basada en rumores.
CONCLUSIÓN. Si los trabajadores salieron a defender mejores condiciones y a señalar las deficiencias del servicio, sería congruente que esa exigencia de mejora incluyera cualquier práctica que pudiera perjudicar a los derechohabientes, siempre mediante denuncias verificables y procedimientos legales.




