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El silencio lo rompió Palacio Nacional

24 de octubre de 2026
Sota, Caballo y Rey

Sota, Caballo y Rey

Dr. Fernando A. Herrera
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La pregunta equivocada


El acuerdo de silencio entre Claudia Sheinbaum y Maru Campos no se rompió el jueves en Latinus. Se rompió el lunes, en la mañanera, cuando la presidenta exoneró a la gobernadora sin exonerarla.


La lectura dominante de hoy es sencilla: Campos prometió callar y habló. Es cierto en la letra. Pero un pacto de silencio no protege solo las palabras dichas en un cuarto; protege el uso político de lo que ahí pasó. Y ese uso lo estrenó Palacio Nacional.


Lo que se dijo en Juárez.


El 19 de septiembre, en una oficina junto al aeropuerto de Ciudad Juárez, las dos se quedaron a solas. Ambas confirman que hubo reclamos y que levantaron la voz. Ambas confirman también que acordaron no contar lo que se dijeron.


Según la propia presidenta, en esa reunión Campos le dijo que ella no sabía nada de la entrada de agentes estadounidenses y que el responsable era su exfiscal, César Jáuregui. Esa era la versión privada de la gobernadora. Guardarla en secreto protegía a las dos: a Campos, de parecer que entregaba a su colaborador; a Sheinbaum, de parecer que negociaba con una opositora.


La jugada del lunes


Tras la detención de Jáuregui, Sheinbaum dijo en la mañanera que, hasta donde sabía, no había evidencia de que la gobernadora hubiera ordenado el operativo. Atribuyó la responsabilidad al exfiscal.


En otras palabras, la presidenta llevó a la plaza pública exactamente la tesis que Campos le había planteado a puerta cerrada. No citó la reunión, pero usó su sustancia. Y la usó en el peor momento posible para la gobernadora: el mismo día en que su exfiscal, su mentor y aliado de más de veinte años, caía acusado de traición a la patria.


El efecto era previsible para cualquiera con oficio político. Una exoneración desde Palacio, sumada a la caída del colaborador, se lee de una sola forma: hubo trato. La cabeza de Jáuregui a cambio de la tranquilidad de Campos.


La caballería


La narrativa del pacto corrió sola. Militantes y liderazgos del PAN en Chihuahua acusaron a Campos de haber "entregado" a su propio mentor, al que en su círculo llamaban "el sensei", para salvar su administración. El partido que la veía como símbolo de resistencia empezó a verla como sospechosa.


El martes vino la segunda pieza. Sheinbaum aclaró que no le corresponde exonerar a nadie, que la gobernadora no ha sido descartada y que la Fiscalía debe evaluar su posible responsabilidad. Un día antes la había absuelto en los hechos; ahora la dejaba colgando. Esa aclaración la puso de rodillas ante su gente.


El resultado de esas dos jugadas es redondo para Morena rumbo a 2027. Ante el panismo, Campos queda como quien pactó y traicionó. Ante la justicia, sigue bajo sospecha. La presidenta, mientras tanto, puede repetir sin mentir que "no hacemos pactos políticos con la justicia".


La entrevista fue la respuesta, no la ruptura

Visto así, lo del jueves con Carlos Loret de Mola no fue una traición al acuerdo. Fue la defensa de quien ya había pagado el costo de un silencio que la otra parte estaba usando con astucia marrullera. La propia gobernadora lo dijo sin rodeos: tenía que defenderse. Y no se quedó en la defensa: ahí mismo llamó "narcocandidato" a Cruz Pérez Cuéllar, el aspirante de Morena a la gubernatura.


Campos llevaba semanas, según su cuenta, escuchando en diecinueve mañaneras seguidas que había traicionado a la patria. Después vino la exoneración envenenada. Callar ya no la protegía; solo protegía la versión de Palacio.


Ni siquiera la réplica de la presidenta de hoy viernes desmiente lo esencial. Confirma que hubo gritos, que hubo reclamos y que Campos culpó al exfiscal. Es decir, confirma que el lunes la mañanera repitió en público lo que la gobernadora había dicho en privado.


Lo que responderían del otro lado


Quienes no comparten esta lectura tienen argumentos que conviene encarar.


La letra del acuerdo: Sheinbaum nunca relató la reunión antes del jueves. Quien contó los detalles primero fue Campos.


La fuente de la exoneración: la presidenta dice que solo reportó lo que hallaron los fiscales, no lo que le dijo la gobernadora.


La corrección del martes: si el plan era fingir un pacto, aclarar al día siguiente que Campos no está exonerada lo debilita.


La parte interesada: la tesis de la "estrategia perversa" es, ante todo, la versión de la propia gobernadora.


Las acusaciones sin pruebas: Sheinbaum sostiene que Campos acusó a Ariadna Montiel de nexos con el narco sin presentar pruebas, y en la entrevista tampoco las ofreció para llamar "narcocandidato" a Pérez Cuéllar. Eso resta credibilidad a su relato.


Nada de esto prueba que no hubo cálculo en Palacio. 


Pero tampoco hay, por ahora, un documento que lo demuestre. Falta, por ejemplo, que la Fiscalía General diga qué se habló en su propia reunión con Campos, como pidió la presidenta.


El silencio como arma


Hay dos maneras de romper un pacto de silencio. Una es hablar. La otra, más fina, es usar lo callado para que el otro cargue con el costo. La primera la cometió Maru Campos el jueves. La segunda, con la inteligencia ladina de quien sonríe mientras acomoda las piezas, se ejecutó desde la mañanera el lunes. La presidenta incumplió primero.


Quien busque al culpable solo en la entrevista con Loret está mirando el segundo acto. El primero ocurrió en Palacio Nacional. Sota, caballo y rey: cambian las cartas, el juego es el mismo.

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