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El enemigo está adentro

19 de octubre de 2026
Sota, Caballo y Rey

Sota, Caballo y Rey

Dr. Fernando A. Herrera
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Durante años, el panismo chihuahuense tuvo un enemigo con nombre y apellido: Javier Corral. Contra él se cerraron filas, se armaron defensas y se ganó una gubernatura. 


Era cómodo tener un villano tan claro. El problema de los villanos claros es que distraen. Mientras todos miraban hacia afuera, nadie revisaba en casa.


Hay algo que en Chihuahua se sabe. César Jáuregui no es un colaborador más que se salió del guión. Es el padrino político de Maru Campos, el que guió su carrera desde sus primeros cargos, el sensei de buena parte del panismo del estado. 


En 2021, cuando ella acusaba a Corral de fabricarle delitos, quien salió con audios a defenderla fue él. Entonces la persecución era un crimen, y Jáuregui, su escudo.


Cinco años después, el escudo amaneció esposado en la avenida La Cantera, detenido por la Policía Estatal con una orden solicitada por la Fiscalía del Estado. El maestro detenido por el gobierno de la alumna. Ni Corral, en sus peores días, se atrevió a tanto.


Lo dijo el exmagistrado Luis Villegas, hoy abogado del exfiscal: la gobernadora salió peor que Corral, y veinte veces peor. 


Afuera de la Ciudad Judicial, el coro fue menos diplomático: “¡Maru traidora!”. Una pancarta lo resumió todo: “Se detiene al narco, no a quien lo combate”.


Y no lo gritaban cuatro despistados. 


Ahí estaban Juan Blanco, exalcalde de la Capital; Guillermo Luján, expresidente estatal del partido; el senador Mario Vázquez. 


El panismo de largo aliento, el que conoció al partido en la oposición y no en la nómina. Blanco habló de un pleito del PAN contra el PAN y remató: “Estamos luchando en contra de una imposición”. Cuando los fundadores te gritan desde la banqueta, el problema ya no es de comunicación.


La gobernadora tiene su versión. Días antes de la detención dijo que Jáuregui y otros actuaron “por la libre”, que eso no se podía perdonar y que el episodio era una caja de Pandora que le reveló cosas que desconocía. Es decir, ella también cree que el enemigo estaba adentro. Ahí coinciden todos. La diferencia es la oficina. Ella señala a la Fiscalía. Los suyos señalan una puerta concreta de Palacio: la de la Secretaría General de Gobierno.


Ahí despacha Santiago de la Peña, el otro puntero de la interna por la alcaldía y, según se comenta dentro del propio PAN, la carta de Palacio. Es el mismo al que la gobernadora le levantó la mano primero en agosto, en un acto donde después todos la levantaron, por si alguien se ponía suspicaz. 


Cuando Juan Blanco habla del “equipo contrario” y de una imposición, no hace falta un GPS.


La ironía tiene capas. De la Peña y Jáuregui llevan años pasándose los cargos de mano en mano. Él mismo contó que le entregó la secretaría del Ayuntamiento a Jáuregui y luego Jáuregui se la devolvió. Lo mismo ocurrió con la Secretaría General de Gobierno, que heredó cuando su amigo se fue a la Fiscalía. 


Hace apenas dos semanas declaró que buscaría el apoyo de todos, incluso el de Jáuregui, con quien presume una buena amistad. 


Ya no tendrá que buscarlo.


Ahora sabe exactamente dónde está.


Nadie ha probado que el secretario haya movido una sola pieza en este expediente, y hay que decirlo así. 

Pero en política no solo se juzga lo que se hace, también a quién beneficia. Y si la detención tenía como propósito despejar un camino, el saldo hasta ahora es otro: el amigo detenido junta multitudes, y el beneficiario aparente carga con la sospecha.


Hay un detalle más que en Palacio no deberían pasar por alto. En abril, cuando ocurrió lo de El Pinal, el secretario General de Gobierno ya era él. Si la cascada federal sube, como advertí ayer, la pregunta no será quién ganó la interna, sino quién estaba a cargo.


El “por la libre” tiene además un problema que nadie en el gobierno ha medido. Si el fiscal general operó con agentes extranjeros sin que la gobernadora lo supiera, ella se presenta como víctima. Pero también admite que no controlaba al funcionario más delicado de su gabinete. O se sabía, o no se controlaba. 


Elija usted la opción menos incómoda. Yo no encuentro ninguna.


Si alguien creyó que la detención sacaría a Jáuregui de la jugada, se llevó un chasco. 


A principios de mes, Rubrum lo ponía al frente de la interna panista por la alcaldía y Vernier lo colocaba arriba en los cinco distritos de la Capital. 


Desde el sábado tiene, además, lo que ninguna encuesta mide y cualquier político envidia: el papel de víctima. 


Querían quitarle la candidatura y le regalaron la causa. No es exagerado decir que hoy el padrino tiene más respaldo entre las bases que la ahijada.

Y mientras el PAN se desangra en casa, la federación cobra. 


La fiscal Ernestina Godoy dejó claro que la FGR atraerá el caso y lo convertirá en traición a la patria. 

El gobierno estatal quería encabezar el expediente y terminará arrastrado por él. 


Hay que reconocerle a la FGR su diligencia: según reportes, en Chihuahua ha citado a más de 50 funcionarios, una celeridad que no se le ha visto en otros expedientes, como el de Sinaloa. 


¿Será que la patria se traiciona más en unos estados que en otros?


Porque de colaborar con Washington, se colabora. Cuando cayó el canadiense Ryan Wedding, el director del FBI habló de una operación conjunta y agradeció a policías y militares mexicanos por trabajar codo a codo con sus equipos en el terreno. 


Palacio Nacional respondió que no hay operaciones conjuntas y que Wedding se entregó voluntariamente en la embajada. Conmovedor: un fugitivo con recompensa de 15 millones de dólares, escondido una década en México, decide un jueves por la noche tocar la puerta. 


Cooperación sin subordinación, nos dicen. De lengua. Con Washington no se pueden desquitar el coraje. 


Con Chihuahua, sí.


Por eso Jáuregui dice que volvería a hacer lo mismo. 


No presume una ocurrencia, describe una práctica. 

Su pecado no fue cooperar, fue no pedirle permiso a quien coopera. 


Y que en El Pinal, al regress hubo un accident con various muertos.


Así queda el tablero: la federación cobra afuera, la militancia cobra adentro, la gobernadora queda en medio con un padrino preso, y el secretario que iba a heredar la candidatura hereda, por ahora, la sospecha.


A Corral no le alcanzó un sexenio para tumbarla. 


A ella le bastó una mañana para tumbar a su padrino.

La Expresión Continúa...

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