El pecado y el escándalo
4 de noviembre de 2026

Sota, Caballo y Rey
Dr. Fernando A. Herrera

La historia política enseña una lección incómoda: el pecado rara vez recibe castigo; lo que se castiga es el escándalo. Esa es hoy la condición del gobierno de la república, que no termina de sacudirse un escándalo cuando ya tiene otro encima.
Los pecados, como la corrupción o la connivencia con el crimen organizado, seguirán aflorando, porque lo que se hace a la vista de tantos no permanece oculto mucho tiempo. Cada uno se convierte en un escándalo que no consiguen contener, y es el escándalo, no el pecado, el que termina por cobrar la factura.
La lista de expedientes abiertos es larga. La dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, enfrenta la acusación de haberse reunido con el hermano de "El Chapo" Guzmán. Cuauhtémoc Blanco tendrá que explicar el dinero en efectivo que, según la prensa, su esposa no declaró al intentar ingresar a Estados Unidos con una cuantiosa suma en dólares. El alcalde de Culiacán, uno de los diez políticos que reclama Washington, pidió licencia por seis meses; el plazo venció, no se presentó y nadie sabe dónde está.
Guadalupe Taddei, incapaz de sacudirse el escándalo, terminó renunciando a la presidencia del INE. Y Andy López Beltrán salió a los medios a defenderse de su señalada complicidad con Amílcar Olán, con el único resultado de recordarnos a todos de qué se le acusa.
El castigo llegará en las urnas en 2027, porque Morena se ha vuelto un partido incontrolable. López Obrador pretendía seguir gobernando desde el partido, al estilo de Plutarco Elías Calles, pero le fallaron los alfiles: Luisa María Alcalde y Andy no supieron edificar el nuevo maximato.
La presidenta, por su parte, carece de una base política propia y de unas cámaras que le respondan a ella. Pero le queda un recurso nada menor: dejar que los escándalos hagan su trabajo y, de paso, depuren su gobierno.
La sociedad, en cambio, no tiene más arma que la credencial de elector, y la empuñará en 2027 para restarles poder: les arrebatará la mayoría en la Cámara de Diputados, más de la mitad de las diecisiete gubernaturas en disputa y buena parte de los congresos locales.
Vuelve, pues, el viejo adagio: los pecados no tienen castigo, pero los escándalos serán su tumba política. Taddei se fue, pero en su lugar pondrán a uno de los suyos, y tanto el INE como el Tribunal Electoral seguirán cooptados. Poco importará: cuando llegue el alud de votos, no habrá árbitro a modo capaz de detenerlo.
Ánimo, pronta recuperación amigo.

La Expresión Continúa...





