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Reportaje Especial:

5 de Noviembre 2021

Desnutrición infantil, la ancestral vergüenza nacional (Parte 1/2)

Guadalupe y Calvo con la mayor incidencia en Chihuahua.

Olvido, pobreza y cultura son los detonantes del padecimiento.

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Guadalupe y Calvo, Chih.- Los vómitos empezaron días atrás además de soltura, ¡mucha soltura! luego la calentura, empezamos a querer aliviarla con “hierbas” que es lo que hay aquí dice la abuela Luisa Espinoza Vega, pero la niña –de 4 años- no mejoraba. Teníamos la esperanza que se compusiera,  pero, cuando tuvo convulsiones nos dimos cuenta de que era necesario trasladarla hasta aquí –en Guadalupe y Calvo- donde nos dijeron que tenía desnutrición, lleva ya varios días y va mejor que como llego.

El caso de Mayra Jizel es otros más de los que cotidianamente se presentan en esta región de la sierra, en el municipio de Guadalupe y Calvo colindante con Sinaloa y parte del famoso triángulo dorado donde se produce la mayor cantidad de droga en el país.

El director del hospital comunitario, Francisco Romo Sáenz, asegura que a la semana se ven al menos seis casos de desnutrición, por lo general severa.

Se trata de una de las pocas opciones de salud que tienen los residentes de este municipio y otros aledaños. La adversidad económica es la constante. No es fácil tener un trabajo o auto emplearse y con ese ingreso lograr una suficiencia alimentaria familiar.

En medio de pinos verdes un silencio se esconde entre los troncos esbeltos y alargados que casi alcanzan el cielo. Son los guardianes de la historia nómada de los pueblos originarios, de los rarámuris, los de pies ligeros que luchan por no ser absorbidos por ese gran hoyo negro del cosmos de la modernidad, el mismo que los condena a ser el último eslabón de la sociedad, en el sitio de confinamiento para los sin voz.

El tiempo ha pasado lento. Los adelantos tecnológicos casi siempre llegan tarde a la cita con los que menos tienen y que casi siempre tienen la geografía más distante de la llamada civilización urbana. Padecen de los pecados capitales del modernismo que inmisericorde los condena a la postración perpetua.

Aquí no existen derechos que valgan, la constitución política o los tratados internacionales por igual sucumben ante la dura barrera de la realidad. Es la sobrevivencia en tiempo real, donde la letra escrita sigue siendo la teoría de lo inalcanzable y la ignorancia la perenne asignatura pendiente de la democracia.

Uno de los factores que inciden en la desnutrición es la falta de alimentos. El reclamo de la conciencia nacional es permanente; la constitución mexicana precisa y mandata en el artículo cuarto que; “Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. El Estado lo garantizará”.

Si el ejercicio de ese derecho es la unidad de medida de la mexicanidad, entonces es fácil deducir que aquí ¿hay muchos que no lo son? A pesar de ser los dueños de esta tierra que la recorren desde antes de la fundación de la nación, son ellos los propietarios de la zona con mayor riqueza forestal del país y pese a ello no tienen para lo vital.

El reconocimiento de grupo étnicos lo tienen además de muchos otros más etcéteras que solo sirven para ahogar en el olvido la letra de los derechos que valga decirlo, en la práctica, nació muerta.

Condiciones de salud como las de Mayra Jizel son el icono de la ancestral vergüenza nacional. La deuda perenne que se ensaña con los más vulnerables y mostrar la flagrante trasgresión a la declaración universal de los derechos del niño, en estas tierras en el mejor de los casos se reduce a una enunciación; “Los niños y niñas tienen Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuada para la madre y el niño”.

En el pabellón de este hospital comunitario se escucha el silencioso sufrimiento de la ignorancia. Los infantes merecen y deben ser protegidos, pero, ellos no lo saben ni lo sabrán, porque desde siempre esto es lo común aunque no es normal y… ya se acostumbraron a estar mal, débiles hasta el punto de la mortandad.

Omar Eloy Venegas Aldama es el nutriólogo encargado del CERENAM de la cabecera municipal de Guadalupe y Calvo asegura que un niño necesita tres meses para su recuperación del flagelo de la desnutrición. En muchas ocasiones los padres al mes se los llevan y el tratamiento queda inconcluso.

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 La Deuda pendiente y creciente del hambre y la desnutrición. 

El problema no es nuevo. El olvido tampoco es de exclusiva manufactura neoliberal, tiene también su versión progresista. El frente es tan amplio que ni siquiera se combate con el asistencial slogan “por el bien de México, primero los pobres”. La amnesia de los gobiernos despenseros mexicanos tiene una conexión directa con las cifras de la pobreza que los delata, acusan y señala. 

Entre más se atiende a los pobres estos se multiplican. El Consejo Nacional de la Evaluación de la Política de Desarrollo Social documenta que, el 22.5 por ciento de la población nacional es vulnerable a la desnutrición, es la consecuencia del limitado acceso a la alimentación nutritiva y de calidad.

Hay otros datos…La cifra anterior cobra validez en 28.6 millones de mexicanos. La cifra representa un acusatorio aumento de un 1.1 millones más que hace tres años cuando inicio el gobierno federal del presidente Andrés Manuel Lopez Obrador.

La secretaria de salud en su reporte nacional con fecha de corte al mes de agosto pasado, refiere la tendencia alcista de la desnutrición en México.

Se han documentado 27,490 casos de desnutrición clasificados como leves, 4320 moderados y 2304 graves. Esto es 34,114 personas con este padecimiento que se acentúa con mayor rudeza en los estados sureños del país.

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El Norte no está exento; Chihuahua brilla en el mapa de la desnutrición.

Los casos en nuestro estado suenan, la caja de resonancia social aturde cuando el ciclo primaveral no es bueno, al arreciar el clima frio que anuncia la llegada del invierno que simboliza enfermedad y muerte. Aquí en la sierra de Chihuahua durante los primeros y últimos meses del año, la sobrevivencia se complica.

El periódico La Jornada publicó en el 2019 datos ilustrativos y vergonzantes para el sistema de gobierno, durante el periodo de gobierno de Javier Corral se referenciaba con datos de desarrollo social que presidio Víctor Quintana que; “En el estado de Chihuahua se registraron alrededor de cuatro mil casos de desnutrición en el período comprendido del 1 de enero al 23 de noviembre del 2019, según se detalla en el registro de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud Federal”.

De esos casos había 298 de condición severa (139 hombres y 159 mujeres) En desnutrición moderada contaban 627 (271 varones y  356 son femeninos) esta es la data de las estadísticas de manufactura federal, lo legalmente aceptado es suficiente para la auto condena.

La desnutrición leve ocupa el primer sitio de la incidencia con dos mil 924 casos, casi nueve diarios (55 por ciento son mujeres y el 45 por ciento son hombres) la contabilidad oficial fue cerrada al 23 de noviembre del presente año.

La desnutrición tiene cara, nombre y apellido

La desnutrición y sus afectaciones existen, no es un mito y tampoco un girón de un discurso. Tampoco fue incubado en un periodo de gobierno neoliberal, progresista, capitalista o comunista, todos hasta nuestros días han contribuido en su crecimiento, ninguno lo ha frenado y menos aún le da solución.

La puerta de entrada de la acusatoria incidencia empieza en el Centro de Recuperación Nutricional y Albergue Materno (CERENAM), en alguno de los cuatro centros se hace la primera valoración, los casos severos se envían al hospital de Guadalupe y Calvo.

Los CERENAM no representan la solución de fondo apenas son un paliativo. Niños famélicos, sin futuro ni oportunidades son condenados al olvido estadístico –en el mejor de los casos- viven sumidos en la ignorancia que les ha hipotecado la vida.

El sistema social y de gobierno es insuficiente, en la espera va disminuyendo día a día su fuerza vital. Sus derechos fundamentales son violentados, nada ha cambiado. Hoy como ayer, son un reclamo de conciencia para la sociedad y el gobierno, pero solo eso.

Cifras de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018, señalaban que hace tres años había en el país 881,752 niños con desnutrición, de los cuales la mayoría residía en la zona rural.

La UNICEF México ( https://www.unicef.org) detalla que en el país, la desnutrición crónica afecta a 1 de cada 8 niños y niñas en la primera infancia, se trata de menores de 5 años que presentan una talla baja (moderada o severa) para su edad.

En el pabellón infantil del hospital de Guadalupe y Calvo, en la cabecera del camastro, hay por lo menos cinco infantes que tienen nombre, apellido y un expediente con la descripción de su padecimiento. Son los afortunados que lograran una mejoría. 

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El Rating del peso y talla es el racero del problema

La abuela Luisa dice que en ocasiones hay para comer, sopa o papas es de lo que se siembra. La carencia de dinero, la ignorancia y creencias arraigadas de los usos y costumbres  potencializan los padecimientos de todos, pero sobre de los niños.

Estoica permanece desde hace varios días enseguida de la cama de hospital, apostándole por la salud, ahí seguirá el tiempo que sea necesarios. Hace cinco que salió de su comunidad, Cerro Alto -ubicada a una hora de la cabecera municipal-.

Habla en perfecto español, aunque al cuestionar su origen, se define como tarahumara. Para poder llegar aquí tuvo que pedir raite. Viajo en una camioneta pick-up, en la parte de atrás, al aire libre iba con su pequeña nietecita en los brazos, junto con ellas también la madre de la infante. La pequeña tenía un dolor interminable en el abdomen, buscaban aminorarlo infructuosamente con palabras, cuando se intensificaba  le frotaban el vientre, es su botiquín de primeros auxilios, es todo lo que tienen además de la fe de que encontraran ayuda en la cabecera municipal.

Cuando llegaron, los médicos la valoraron y de inmediato le diagnosticaron  desnutrición severa. Es una condición difícil para el paciente pero fácil de definir para los médicos de este hospital, están acostumbrados, le conocen la cara a ese padecimiento porque en promedio reciben un nuevo caso al día.

Los casos, casi invariablemente son de menores de edad, son el punto focal donde se ensaña este padecimiento. Mayra Jizel a sus escasos 4 años ya es parte de la estadística, quedo internada para compensarle sus niveles, desterrar la anemia  y preservarle la vida. En su corta existencia esta es la primera vez que duerme fuera de su comunidad, en un camastro que aunque incomodo es mejor que el que tiene en casa.

Los criterios de medición y dimensión del problema son variados, pero todos los indicadores terminan en lo mismo, los estragos en la salud de los niños y niñas con quienes se ensaña la pobreza.

La organización española “Ayuda en acción” que orienta sus esfuerzos para apoyar las causas relacionadas con los derechos humanos desde hace 40 años, ha creado una tabla que identifica y clasifica los niveles de desnutrición basados en el peso y talla.  (https://ayudaenaccion.org/ong/blog/derechos-humanos/tipos-de-desnutricion/) basada en el peso y la talla:

1. Desnutrición aguda leve. Aquí el peso es normal para la edad de la persona, pero su talla es inferior a lo que debería.
2. Desnutrición aguda moderada. Una persona con este tipo de desnutrición pesa menos de lo que debería para su estatura.
3. Desnutrición aguda grave. En este caso, el peso está muy por debajo del que debería (es inferior al 30% de lo que debería ser) y las funciones corporales se ven alteradas. Se trata de una situación crítica, con un alto riesgo de muerte para la persona que la padece.
4. Carencia de vitaminas y minerales. Cuando se da esta situación, la persona no puede llevar a cabo tareas diarias normales debido al cansancio, defensas bajas que favorecen la aparición de infecciones o tiene dificultades para aprender.

La paciente de 4 años oriunda de Cerro Alto, se encuentra clasificada en el tercer nivel  de esos gradientes de la desnutrición.

El portal español https://www.topdoctors.es en su diccionario determina algunos síntomas de la desnutrición que coinciden con muchos de los casos que se atienden en el hospital comunitario de Guadalupe y Calvo;

Pérdida de peso, palidez extrema, hundimiento o abultamiento del abdomen, pómulos sobresalidos, pérdida de memoria, frío en manos y pies, crecimiento lento, sequedad en la piel, caída del pelo cambiando su coloración, sensación de plenitud y pesadez después de comer en forma ligera, menstruación irregular o desaparición de la misma, agotamiento físico, pérdida de masa muscular, alteraciones en coagulación sanguínea y sistema inmunológico, dedos de manos y pies fríos y azulados debido a trastornos circulatorios, fragilidad en las uñas, delgadez extrema y anemia.

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