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Crónica:

24 de Diciembre 2020

Parte de Guerra de un Siniestro Navideño

Bomberos; La heroicidad devela el anonimato.

Aparecen cuando más los necesitan.

La dualidad del sacrificio familiar por el deber cumplido. 

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Los Héroes anónimos aparecen cuando más los necesitan; Paramédicos y bomberos son los ángeles de la guarda de una comunidad 24/7. Para salvar vidas y patrimonios no hay tregua. Mientras, una familia eleva una oración para fortalecer la esperanza de su retorno a casa.

Abatido por el cansancio momentáneo, pero no derrotado. Un bombero reposa, exhausto por el peso de su equipo de seguridad que pende sobre sus hombros y el efecto secundario de la adrenalina del fragor del combate. Toma aire puro, está sentado sobre una de las banquetas de la calle Santos Degollado en la Colonia Reforma.

Acaba de ganar otra batalla. El fuego no paso a mayores. La barrera de agua fue desplegada eficientemente por la cuadrilla que replegó y sofoco la amenaza de una conflagración mayor.

Es el parte de guerra de un siniestro en las vísperas de la navidad. Junto al gladiador está el coliseo con los restos de la batalla; madera convertida en tizón humeante. El sitio despide el penetrante olor a ceniza. El tufo inconfundible del humo, se propaga a las cuadras aledañas, mimetizado con la oscuridad alevoso, intoxica el olfato hasta el punto del repudio. 

Es 24 de diciembre en la tarde. Las sombras prematuras hacen parecer que es de noche. La cuadrilla de guardia de bomberos fue llamada a una emergencia. No solo salvo los bienes materiales de una familia, preservo lo más importante; la tranquilidad de tener una morada y puso a buen recaudo los planes de la convivencia de la cena navideña.

Los Héroes anónimos, esa tarde revelaron su identidad para otros hasta antes de ahora desconocidos. Todos son bomberos y algunos también, paramédicos. No hubo tiempo de formalismos ni presentaciones. Llegaron y combatieron a su inconfundible enemigo de siempre, entraron en acción. Avasallaron el frente destructor del fuego invasor.

No son los súper héroes de la fantasía de los comics, pero casi. Son una versión mejor, los de la vida real. Miembros de una familia de vocación. Eso cuenta casi como consanguineidad. En la noche buena, compartirán en su mesa el factor común de la ausencia en casa, el síndrome del padre que fue llamado a atender el servicio en esa fecha será el plato fuerte y degustaran una oración en la que, desde casa, sus seres queridos, piden al creador que los regrese a salvo.

Jesús Negrete tiene por lo menos cinco años en bomberos y doce como paramédico. La mayor parte de este tiempo no ha estado con su familia en fechas emblemáticas como el 24 y 31 de diciembre. Este año no fue distinto, valió la pena, fue parte de la legión que intervino en la misión salvadora de un hogar.

Aún tiene los rastros de la batalla inscritos en su uniforme café con franjas fosforescentes claras que reflejan los rasguños del tizne, evidencia indeleble de las bajas del frente enemigo. 

Le toco laborar, estar de guardia. Es la azarosa privación de los privilegios de la gente común. Un bombero no es un perfil común, tiene que atender dos familias; la de sangre y la del deber. Con los hermanos de cuadrilla comparte la cena del 24 y 31 de diciembre. Contento y alerta de lo que pueda surgir.

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Negrete se refiere a sus compañeros de cuadrilla, como su otra familia. Con ellos también convive todo el año, comparten riesgos y reciben como regalo esa satisfacción interior de la labor cumplida; la de ayudar a la gente justo cuando más lo necesitan. Su misión es desaparecer el rictus de angustia de las víctimas de lo inesperado, de quienes enfrentan solos una emergencia que por instantes parece no tener solución, pero siempre se encuentra el camino. Regresar la tranquilidad al rostro que irradia un agradecimiento a veces inexpresado.  

La separación de su familia de sangre la conoce bien y la describe sin titubeos; “ellos comprenden, porque saben a lo que me dedico. Nos privamos de lo que el resto de la gente goza; una cena en familia, sin embargo, lo entienden y elevan una oración para que regrese con bien, cargado de esa riqueza que da el ayudar a la gente”.

El bombero y paramédico describe las circunstancias en las que ha conocido a mucha gente; “aparecemos cuando más nos necesitan; en una emergencia, en medio de una crisis y estamos allí… ¡unos desconocidos! ¡eso lo agradecen! Ese el momento en que tenemos el primer contacto. Es bonito poder ayudar a alguien que no conoces” 

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