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Lo que no se dice...

16 de julio de 2026
Lo que no se dice...
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PARADOJA.- La política también tiene sus ironías, y el PAN acaba de construir una de ellas. Mientras desde la dirigencia nacional se insiste en cerrar la puerta a las alianzas electorales con otros partidos para no "ceder espacios", al mismo tiempo se mantiene abierta la posibilidad de postular candidatos externos. Es decir, no quieren compartir las siglas... pero sí podrían compartir las candidaturas. Una fórmula que, cuando menos, resulta curiosa.

PUREZA.- El argumento parece impecable en el discurso: preservar la identidad panista sin repartir posiciones mediante coaliciones. Sin embargo, llevado a la práctica, el planteamiento comienza a mostrar algunas contradicciones. Porque si un candidato externo termina encabezando una boleta panista, la diferencia con una alianza formal podría reducirse simplemente al membrete que aparece en el registro.

ASPIRANTES.- Los dirigentes estatales han presumido que existen más de 700 personas no panistas registradas porque tienen interes en competir bajo las siglas del PAN. La cifra refleja no representa necesariamente una vitalidad partidista y abre una interrogante: si hay tantos perfiles propios, ¿qué necesidad habría de recurrir a candidatos externos? Y si finalmente se recurre a ellos, el mensaje implícito podría interpretarse como una admisión de que no todos los cuadros internos resultan suficientes o competitivos para determinados escenarios.

COMPENSACIÓN.- Ahí es donde algunos observadores encuentran la verdadera jugada. Si las alianzas con PRI o Movimiento Ciudadano no prosperan de manera formal, siempre quedaría la opción de incorporar perfiles provenientes de esos partidos como "candidatos ciudadanos" o "externos". En los hechos se construiría un acuerdo político sin llamarlo alianza. Cambiaría el nombre, pero no necesariamente el fondo.

MILITANCIA.- El problema aparece cuando esa estrategia aterriza en la realidad. Una cosa es que las dirigencias nacionales diseñen fórmulas de ingeniería electoral y otra muy distinta que la militancia las acepte con entusiasmo. El panismo tradicional suele ser celoso de sus espacios y no necesariamente recibe con aplausos la llegada de figuras que hasta hace poco militaban en otros colores.

PARRAL.- Basta trasladar el escenario a Parral para dimensionar el dilema. ¿Aceptarían los panistas que un perfil externo, como Pedro Villalobos, encabezara una candidatura a la alcaldía por encima de un militante identificado plenamente con Acción Nacional, como Salvador Calderón? La respuesta parece, cuando menos, complicada. Y no porque se cuestione la capacidad del eventual candidato, sino porque las identidades partidistas siguen teniendo un peso importante en las bases.

MENSAJE.- Al final, la discusión también tiene un componente simbólico. Si un partido con cientos de aspirantes termina recurriendo a perfiles externos para competir por los principales cargos, inevitablemente surgirán voces preguntando si el problema no radica en la falta de confianza hacia su propia militancia.

IRONÍA.- Quizá ahí resida la mayor paradoja del modelo que impulsa el PAN nacional. Se rechazan las alianzas para preservar la pureza ideológica, pero se deja abierta una ventana para incorporar candidatos que podrían provenir precisamente de los partidos con los que no se quiere coaligar. Es una manera de construir acuerdos sin firmarlos oficialmente.

GRILLA.- Como suele ocurrir, la teoría luce ordenada sobre el papel. La práctica, en cambio, dependerá de que los panistas estén dispuestos a levantarle la mano a alguien que hasta hace poco militaba en otra trinchera. Y si algo ha demostrado la política chihuahuense es que convencer al adversario suele ser más sencillo que convencer a la propia militancia. Hay estrategias que parecen diseñadas para ganar elecciones... y otras que parecen pensadas para poner a prueba la paciencia de los propios panistas.


Desde la Rumorosa…

ALINEACIÓN.- No hace falta ser un experto en estrategia electoral para advertir que varias piezas comienzan a acomodarse al mismo tiempo dentro del PAN. Cuando eso ocurre, no se trata de casualidades, sino de decisiones que empiezan a madurar antes de hacerse públicas. En el centro de esa ecuación aparecen dos temas inseparables: la elección interna del panismo y la definición de una eventual política de alianzas.

NEGOCIACIÓN.- La reciente reunión de la gobernadora Maru Campos con el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, alimentó precisamente esa lectura ya que se da a menos de una semana de que inicie el proceso interno. La estrategia es la difusión que se dio a ese encuentro, es ahí donde esta el mensaje entre líneas y no en lo que acordaron y dijeron.

SITUACION.- Mientras el líder nacional ha sostenido un discurso de competir con candidatos exclusivamente panistas, evitando coaliciones que, a su juicio, diluyan la identidad del partido, en Chihuahua la realidad electoral parece empujar hacia una lógica distinta. Gobernar también implica hacer cuentas, y las cuentas no entienden de dogmas.

PROYECTO.- Para Maru Campos, la discusión trasciende la elección estatal. Mantener el control político de Chihuahua y entregar buenos resultados electorales fortalecería inevitablemente cualquier aspiración nacional que pudiera construirse hacia el futuro para ella. Nadie llega a disputar una candidatura presidencial únicamente con buenos discursos; primero debe demostrar que sabe conservar el territorio donde gobierna y que puede ganar elecciones.

DESAFÍO.- Sin embargo, el camino comienza a complicarse. La definición sobre las alianzas sigue sin aterrizar y esa incertidumbre mantiene congeladas muchas decisiones locales. PRI, Movimiento Ciudadano y otros actores permanecen atentos a una negociación que, aunque todavía no se oficializa, cada vez parece menos improbable. Seria mas preciso decir si habrá acuerdos lo que no se sabe es bajo qué condiciones.

CAPITAL.- A ese escenario se suma un problema que hace apenas unos meses parecía inexistente: Chihuahua capital, el bastión más sólido del panismo, dejó de ser un terreno de absoluta tranquilidad. La aparición de varios aspirantes abrió una competencia interna que amenaza con consumir tiempo, energía y capital político donde, en teoría, menos se necesitaba.

ASPIRANTES.- César Jáuregui, Rafael Loera y Santiago de la Peña representan hoy las principales corrientes que buscan influir en la sucesión municipal. Los dos primeros mantienen coincidencias estratégicas, son equipo y no disimulan que construyen una ruta común frente al proyecto que impulsa la gobernadora a través de Santiago de la Peña. En conclusión las alianzas internas no necesitan de permiso y tampoco estan reguladas y en algunas delimitaciones son tan importantes como las externas y esta disputa comienza a demostrarlo.

GÉNERO.- La polarización de las posiciones abre la posibilidad de que la candidatura termine definiéndose por criterios de paridad. De ocurrir así, el nombre de Manque Granados cobraría una fuerza inesperada, seria una propuesta de la gobernadora, la cercanía es palpable.

DESGASTE.- La pregunta es si este desgaste era necesario en un territorio sin problemas aparentes para el PAN. Chihuahua capital era, hasta hace poco, el activo electoral más sólido del PAN. Hoy se ha convertido en el principal foco de tensión interna. Independientemente de quién resulte favorecido, la competencia ya produjo costos políticos que difícilmente podrán recuperarse por completo y uno de los que pagara ese costo sin ser parte del desgaste sera el virtual candidato a gobernador Marco Bonilla.

PERSPECTIVA.- La gobernadora enfrenta una prueba que va más allá de elegir candidatos. Debe demostrar que conserva el liderazgo suficiente para ordenar a su partido, construir los acuerdos necesarios y llegar al proceso electoral con un panismo unido. Porque si el objetivo es proyectarse hacia escenarios nacionales, primero habrá que resolver las diferencias en casa.

CONCLUSIÓN.- Los conflictos tienen un alto costo. Antes de que comenzara esta disputa, el PAN llegaba con un panorama mucho más despejado. Hoy, entre la incertidumbre de las alianzas y la confrontación en su principal bastión electoral, el partido parece haber complicado un escenario que, hasta hace poco, jugaba claramente a su favor. A veces el mayor adversario no está enfrente; aparece en las batallas internas para consumir la energía que se requiere para las externas.

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