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Lo que no se dice...

4 de julio de 2025
Lo que no se dice...
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SOCIEDAD. - Las condiciones sociales en distintas regiones del estado han llegado a un punto crítico. La inseguridad, lejos de ceder, se convierte en un elemento cotidiano de vida para miles de ciudadanos. Lo que antes parecía una excepción hoy se normaliza, y eso —más que la violencia misma— es lo más alarmante.

SITUACION. - Los recientes hechos, tanto en la frontera como en la sierra, estremecen por su crudeza y por la clara señal de un Estado que ha perdido el control en amplios territorios. En Ciudad Juárez, el hallazgo de cientos de cadáveres en un crematorio no es sólo un crimen atroz; es una afrenta directa a la dignidad humana.

MORAL. - La dignidad, precisa la Diócesis de la frontera en un mensaje encabezado por el obispo Guadalupe Torres Campos, no concluye con el último aliento: sigue viva en la memoria de quienes sobreviven, en los deudos que exigen respeto, en la sociedad que demanda justicia.

DUDA. - Y es entonces donde se lleva a cuestionar la discrecionalidad con la que pueden actuar los crematorios, al margen de la ley y por lo que se constata, nadie regula su actividad, de lo contrario, no hubiera sucedido el haber encontrado los cientos de cadáveres.

CONDICION. - En el caso de Guadalupe y Calvo se revela otra cara, pero igual de preocupante. En los recientes enfrentamientos armados —ocurridos en días consecutivos— la constante es la misma: la narrativa oficial intenta deslindar responsabilidades atribuyendo los hechos a "grupos rivales de la delincuencia organizada".

AUSENCIA. - En Guadalupe y Calvo se habla insistentemente de la “coincidente” ausencia de la guardia nacional y la repentina retirada de los cuerpos de seguridad estatal, sin embargo, aun y cuando hubieran estado, en nada garantizaría que no hubiera ocurrido el incidente, en Guachochi sucedió mientras ejercito y corporaciones se escondían en sus cuarteles al igual que la sociedad civil en sus casas. En esa ocasión también la Diocesis de la Tarahumara hizo un pronunciamiento.

FORMULA. - Se trata de una fórmula ya gastada que, en lugar de aclarar, confirma una peligrosa normalización: reconocer que esos grupos operan, disputan y matan sin mayor obstáculo, es aceptar que el Estado ha perdido —al menos ahí— el monopolio legítimo de la fuerza.

MANIFESTACION. - En este caso, el obispo de Parral, don Mauricio Urrea Carrillo, salió a marcar un posicionamiento tendiente a pedir que se restablezcan las condiciones de paz para la población civil de aquel lugar donde estuvo hace apenas unos cuantos días y que ahora ha quedado atrapada entre el fuego cruzado, la omisión y el silencio.

PETICION. - Su exigencia no es ideológica ni partidista: es humanitaria. Piden algo tan básico como vivir en paz, y eso ya parece en estos tiempos ¡un lujo inalcanzable!

PRIORIDAD. - Los pronunciamientos de ambas diócesis —Juárez y Parral— no son casuales ni oportunistas. Son reflejo del sentir popular, de una sociedad sigue sin creer en las instituciones, y que ve en la voz de la Iglesia, al menos, una postura clara frente al horror que otros prefieren maquillar o ignorar.

PETICION. - Cuando los templos se convierten en trincheras morales, es porque la política ha dejado de cumplir su misión. El llamado a restablecer la seguridad no es un reclamo aislado, es un eco colectivo que crece entre comunidades olvidadas que se desmoronan bajo el peso de la indiferencia oficial.

Desde la Rumorosa…

GOBERNADORES. - El reciente laudo que favorece al exgobernador César Duarte no debería ser visto —como algunos pretenden— como un simple revés para Javier Corral. Reducir este asunto a una vendetta política o a un ajuste de cuentas entre exgobernantes es una simplificación peligrosa y deliberada. La realidad es mucho más cruda: el verdadero afectado es el estado de Chihuahua y, más directamente, su población.

TRIUNFO. - La narrativa mediática ha querido instalar la idea de que Duarte el ex priista, ha sido reivindicado frente a los excesos de Corral, el ex panista. Pero esa cortina de humo esconde un hecho esencial: cualquier pago de reparación de daños a favor de Duarte provendrá de recursos públicos.

AFECTACION. - Es decir, del dinero de todos los chihuahuenses. ¿Qué implica eso? Que programas sociales, obras comunitarias e inversiones en servicios básicos podrían verse recortados para cubrir este compromiso legal que Corral no hizo a título personal.

AGUA. - Un caso concreto que ilustra la afectación se está gestando en Parral. El predio de la hidroponía, ubicado en la carretera a Matamoros y que está directamente involucrado en el litigio, es hoy un punto neurálgico para el abasto de agua potable en la ciudad. Desde ahí, la Junta Municipal de Aguas de Parral extrae más de 50 litros por segundo para reforzar la red general que alimenta a distintas colonias.

RIESGO. - Ahora, con la amenaza de que ese terreno vuelva a manos de Duarte, ha comenzado a crecer el temor entre la ciudadanía: ¿qué pasará con el suministro de agua? ¿Se cerrará el pozo? ¿Se debilitará aún más el ya precario sistema de distribución en temporada crítica? Más allá del proceso legal, hay una preocupación legítima y urgente por los derechos básicos de la población.

LANA. - Cabe recordar que para que se hayan podido invertir más de 10 millones de pesos en el equipamiento de ese pozo, fue necesaria la anuencia formal del Estado o, en su defecto, de quien tuviera la representación legal de la persona moral correspondiente. Este no es, por tanto, un caso simple de “despojo”, se trata de un predio que ha sido intervenido y equipado con fondos públicos, en función de un beneficio colectivo.

DATO. - Incluso hay voces que aseguran que el pozo de “La Tomatera” fue perforado con recursos de la Junta Central de Agua y Saneamiento sexenios atrás. Si eso se confirma, entonces la discusión no debería estar centrada en la legitimidad de un título de propiedad, sino en la lógica social y de utilidad pública que debe regir el uso de ese terreno.

SOCIEDAD. - El problema es que cuando los asuntos de interés general se ven atrapados entre pugnas políticas y litigios privados, la sociedad es quien paga los platos rotos. No se trata de negar el derecho al litigio, pero sí de exigir una visión de Estado, una perspectiva que priorice el bien común por encima del revanchismo legal.

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