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Lo que no se dice...

5 de mayo de 2026
Lo que no se dice...
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SENTENCIA.- Dicen que el que para otros pide, para sí aboga, esta frase entre los políticos locales actuales ha pasado de ser un refrán a convertirse en un manual de operaciones. Las estafas en la ubicación de desarrollos habitacionales como la colonia La Fortuna han pasado a ser un tema de riesgo en materia de salud pública.

DATO.- Así arranca esta historia, con la noble intención, siempre muy conveniente de ayudar a quienes no tienen acceso a crédito ni a vivienda. Un relato que, en su momento, sonaba a justicia social y que hoy se parece más a un caso de ingeniería inmobiliaria con vocación de negocio redondo.

ALCALDE.- Corrían los tiempos de Alfredo Lozoya en la alcaldía de Parral y de Javier Corral en el estado, con el programa de COESVI operado por Carlos Borruel como bandera. Todo parecía correcto. Demasiado correcto para ser verdad.

DICERES.- El engaño perfecto incluía hablar de vivienda para los más necesitados, la información “privilegiada” comenzaba a circular con sospechosa precisión para quienes tenían el poder y la chequera lista. El punto exacto donde se desarrollaría el proyecto no solo era estratégico… era rentable. Y lo fue, pero no necesariamente para quienes necesitaban casa.

ESTAFA.- El mecanismo es digno de estudio: terrenos comprados a bajo precio en la zona de la avenida Elisa Griensen hasta entroncar con la carretera a Chihuahua, justo en el cinturón de seguridad de la contaminación de los jales. Terrenos adquiridos, dicen por prestanombres y personajes cercanos al poder, familiares del entonces presidente municipal. Después, el milagro económico de la plusvalía: anunciar una colonia de interés social, “La Fortuna”, que en los hechos funcionó como detonante del valor inmobiliario de todo el perímetro.

CIRCULO.- El negocio no solo era redondo, era elegante en su perversidad. Los servicios públicos; agua, luz, drenaje llegarían financiados por el erario estatal y municipal para acercarlos a los que menos tienen y por eso la colonia estaba en la orilla, el trayecto habría que recorrerse con líneas eléctricas, tuberías de agua y drenaje lo que a su paso beneficiaria a los especuladores de los terrenos intermedios.

TRADUCCION.- En términos simples, la inversión la hacía el gobierno estatal y municipal; la plusvalía la cobrarían los nuevos dueños que para ese entonces ya se habían hecho de cuanto terreno estaba a su alcance; predios rústicos, agrícolas, ganaderos y hasta industriales. Un ganar-ganar… pero no precisamente para el ciudadano común. Encontrar en la inscripción del registro publico de la propiedad nombres muy familiares al circulo cercano del presidente municipal no era casualidad.

CONSECUENCIA.- Así, de la noche a la mañana, los bolsillos se les inflaron más rápido que cualquier expediente técnico. La especulación hizo su trabajo y el verdadero premio de las viviendas para los que menos tienen cumplió su cometido.

DETALLITO.- Pero como suele pasar en estas historias donde todo parece perfectamente calculado, hay un pequeño detalle que incomoda: el terreno. Resulta que la zona donde se asentó “La Fortuna” no era cualquier espacio disponible. Está ubicada en los límites de los jales de la mina La Prieta. Sí, esos mismos que, según la normativa federal, deben ser sometidos a procesos de saneamiento antes de ser habitados dado los niveles de contaminación a los que fueron sometidos proceso que, convenientemente, no se realizaron.

CINTURON.- Aquí es donde la ironía se convierte en problema serio. Porque lo que se vendió como oportunidad para los más vulnerables podría representar un riesgo para su salud. Y lo que se planeó como negocio seguro hoy enfrenta un muro: la legalidad de la protección al medio ambiente. Hoy Son otros los que despachan en la alcaldía, por eso a los estafadores del ayer les urge regresar al poder, desde que fueron sacados de la jugada, los negocios se les vinieron abajo ante su evidente incapacidad para ser competitivos a mercado abierto, es fácil ser exitoso desde el disimulo oficial y el dinero de todos.

PUERTAS.- Los mismos que aprovecharon en ese entonces las mieles de la especulación ahora buscan cerrar el círculo pidiendo al municipio, vía Desarrollo Urbano, la autorización para construir o mínimo lotificar pero se han encontrado con una respuesta poco común en estos casos: ¡no!

GESTION.- No hay autorización de SEMARNAT, ¡no hay cambio de uso de suelo! Y  no hay sustento técnico para hacerlo. Lo más incómodo de todo es que nadie parece poder explicar con claridad cómo se justificó en su momento el cambio de uso de suelo para que ahí, en medio de la nada y junto a los jales este la colonia La Fortuna penando por los engaños del poder.


DUDA.- La pregunta es inevitable y, sobre todo, incómoda: si hoy no cumple con la normativa, ¿cómo cumplía ayer? Así, quienes jugaron a ser desarrolladores con información privilegiada hoy se descubren como lo que pocas veces aceptan ser: apostadores. Apostaron a que todo seguiría su curso, a que la maquinaria institucional no se detendría, a que el negocio sería eterno. Pero esta vez, parece que el guion cambió.

BLOQUEO.- Y en un giro casi poético, los que diseñaron el negocio para otros ahora enfrentan su propia trampa: los dejaron a su suerte, justo después de que ellos hicieron lo mismo con quienes creyeron que estaban ayudando.

VENGANZA.- Por eso el grupo del cartel inmobiliario de los gobiernos municipales de Movimiento Ciudadano no toleran que otros desarrollen proyectos urbanísticos en áreas no restringidas por la contaminación y les buscan detalles, irregularidades en permisos para detener su avance, les piden lo que jamás les exigieron a los protegidos de la mafia naranja.

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