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¿Qué es el pacto y por qué debe romperse?

11 de marzo de 2021
Lic. Aylín Selene Urquiza Gómez

Lic. Aylín Selene Urquiza Gómez

Licenciada en derecho. Trabaja por su cuenta, asesora jurídica de tiempo completo en el despacho Porras Urquiza.
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En los últimos días, y en virtud de la postulación de Félix Salgado Macedonio como candidato a la gubernatura en el estado de Guerrero, en redes sociales se ha iniciado una campaña para exigirle al Presidente Andrés Manuel López Obrador que rompa el pacto. La exigencia ha sido tanta, que se convirtió en un trampolín perfecto para aquellos actores políticos que están ansiosos de una causa para protagonizar. El problema no ha sido la ambición por acaparar, sino el nulo conocimiento que tienen sobre el tema.

Y es que el pacto del que hablamos no es un pacto de corrupción, de impunidad, electoral o algo parecido; al pacto al que nos referimos es el pacto patriarcal. Este pacto ha permitido forjar lazos estrechos entre hombres, protegerse unos a otros, y lo peor, encubrirse mutuamente.

Entre los hombres, existe un alto nivel de honor y respeto. Aplican de manera religiosa aquella frase acuñada a los mosqueteros “todos para uno, y uno para todos”. Se defienden con el cuerpo y con el alma, y ante la menor acusación, salen en su auxilio, rasgándose las vestiduras y gritando “es mi amigo, y sería incapaz”, o peor aún, dicen “ya chole” cuando la denuncia es reiterada.

Este es el verdadero enemigo del feminismo, y no los hombres como lo han querido hacer ver. El pacto patriarcal nos ha revictimizado a muchas, y nos ha hecho esclavas de un silencio que se nos fue impuesto, y fue adoptado por muchos hombres.

Este pacto es el privilegio más atesorado de los agresores, pues saben que sin importar lo atroz que sea el acto que cometan, habrán más hombres dispuestos a protegerle.

Lo más grave en este tema, es cuando son las propias instituciones quienes sucumben ante el pacto patriarcal y ofrecen protección a agresores. Brindan impunidad y garantías a quienes deberían compurgar una pena. Los violadores deben estar en prisión, no contendiendo por un cargo público.

Hablar de este pacto, es evidenciar lo que por años se ha sabido, pero se ha callado; es exponer la fraternidad con la que han sido encubiertos hombres que, sínica y descaradamente, continúan haciendo su vida como si no hubiera una carga sobre sus hombros. No existe vergüenza, ni pena, ni culpa para quienes socialmente gozan de una protección privilegiada. Los delitos se olvidan, las víctimas son calladas, y el hecho desaparece en el olvido.

Este es el pacto del que tanto se ha hablado, y del que se exige su erradicación. Es imperdonable que en un país donde las mujeres vivimos un riesgo constante, violadores sean postulados para gobernadores, agresores dirijan empresas y abusadores se desempeñen en cargos públicos. Es intolerable que el Presidente minimice las demandas, argumentando estrategias electorales y guerra sucia.

Es momento de que este pacto caiga, y con él, todos aquellos que por años han gozado de la inmunidad que sus congéneres les han brindado. El pacto debe romperse, o de lo contrario, lo romperemos nosotras.

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