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Lo que no se dice...

17 de agosto de 2026
Lo que no se dice...
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NOMINACIÓN.- ¿Por qué hasta ahora? Esa es la pregunta que inevitablemente aparece después de que Marco Bonilla quedó colocado como el virtual candidato del PAN a la gubernatura. La respuesta oficial seguramente tendrá los ingredientes habituales como: unidad, acuerdos, madurez política y aquello de que “los tiempos son los tiempos”. Pero en política los tiempos también tienen memoria y Bonilla ha llegado tarde a varias de las citas importantes de su partido. Ahora, paradójicamente, llega a la principal con el nombramiento más adelantado, el de coordinador político estatal del PAN de las causas panistas, que es la antesala de la candidatura oficial.

DEMORA.- Durante su primer trienio como alcalde, Bonilla no pudo salir de Chihuahua para meterse en la competencia por el liderazgo estatal. Desde Palacio de Gobierno le marcaron límites territoriales bastante claros: primero había que consolidar la capital. Quizá no querían que se decantara demasiado pronto la sucesión o quizá la estrategia consistía en fortalecer el principal bastión panista del estado. Si fue lo segundo, Bonilla cumplió con creces. Chihuahua capital se convirtió en una plaza más rentable para Acción Nacional, con estructura, orden electoral y una administración que le permitió al alcalde construir el capital político que hoy lo coloca en la carrera grande.

DOS.- Luego, en el segundo periodo de gobierno municipal, parece que la estrategia fue para hacerlo perder el tiempo, mandándolo a una competencia no oficial con otros competidores, que ni siquiera sirvieron de “esparrin” como Gilberto Loya y Jesús Valenciano de relleno sumaron también a la presidenta estatal del PAN, Daniela Álvarez pero ni para un round de sombra le sirvieron. Solo fue perder el tiempo, esa precampaña no oficial no legitimo el proceso, las cifras para él ya tenían tendencias irreversibles.

TIEMPO.- Mientras los panistas jugaban al boxeador sobre entrenado, la gobernadora le marcaba distancia personal y política al alcalde de Chihuahua. Los competidores de a de veras, los de Morena avanzaban por la libre, con todo el territorio para ellos, en especial, Cruz Pérez Cuéllar el alcalde de Juárez a quien el mismo PAN ha atacado sistemáticamente, dándole con ello carta de identidad como candidato constitucional futuro, solo falta que Morena lo confirme.

BASTIÓN.- La consolidación de la fortaleza política de la capital tiene un pequeño gran detalle, una cosa es construir un bastión y otra conservarlo. Y ahí es donde empieza la verdadera preocupación para Bonilla. Desde Palacio de Gobierno se ha dejado correr la posibilidad de que Santiago de la Peña sea la carta para Chihuahua capital, una decisión que, si termina concretándose, tendría una lectura política mucho más profunda que el simple nombre de un candidato. De la Peña puede tener atributos personales, trayectoria y una estirpe política reconocible, pero el problema es que la herencia no siempre se convierte automáticamente en votos.

DATO.- La definición en favor de De la Peña oficialmente no se ha dado, pero las señales se ratifican. Fue uno de los invitados a la consolidación del proyecto de Bonilla, en una reunión en la que estuvo la gobernadora Maru Campos y el equipo de Gilberto Loya, con lo que este último patentizaba su rendición en la interna, ahora hay que esperar a lo que aspira a cambio de esa dócil entrega.

CAPITAL.- Chihuahua capital no es una plaza que se pueda administrar electoralmente con apellido, relaciones sociales o fotografía institucional. Bonilla construyó ahí una estructura que le pertenece políticamente al PAN, pero también, en buena medida, a él. Colocar a un candidato externo, porque el panismo tradicional así lo define, implica poner a prueba cuánto de ese capital puede trasladarse a otro proyecto, un experimento riesgoso en un momento crucial. Si esa aventura sale mal, el costo no lo pagaría únicamente quien aparezca en la boleta: también le pasaría factura al virtual candidato a gobernador.

DEUDA.- Santiago de la Peña esta cerca de la candidatura a la presidencia municipal de la capital, la foto de ayer domingo en el evento junto con Gilberto Loya y la gobernadora es contundente, demuestra que el poder de la gobernadora María Eugenia Campos le alcanza sobradamente para imponer una decisión en la plaza electoral panista más importante del estado. El problema es que demostrar que todavía se puede no necesariamente significa demostrar que se debe. La política tiene esa pequeña trampa: hay victorias que se disfrutan el día de la designación y se lamentan el día de la elección.

RIESGO.- Si se está pensando que se puede comenzar a repartir candidaturas como quien cobra dividendos antes de haber ganado la inversión, ¡mal negocio! La nominación de Bonilla debería venir blindada de candidatos competitivos en los 67 municipios, en el Congreso y en las sindicaturas. No se trata de llenar espacios con amigos, cuotas o compromisos pendientes; se trata de construir una estructura que llegue viva a la elección. Porque hasta el mejor candidato a gobernador puede terminar pagando los errores cometidos en una alcaldía aparentemente secundaria.

COMPENSACIÓN.- Los grupos políticos tienen que ser compensados, eso es inevitable. Pero compensar no significa regalar candidaturas. Hay una diferencia enorme entre reconocer trabajo político y entregar posiciones que no aportan. Si la negociación interna termina colocando a perfiles que restan votos, entonces la factura será doble: primero la pagará el propio designado y después llegará a Bonilla con intereses. Los favores mal calculados suelen convertirse en deudas incobrables.

MARU.- La más interesada en que el PAN encuentre buenos candidatos debe ser precisamente la gobernadora. No por generosidad partidista, sino por simple cálculo político. Si Maru Campos pretende conservar vigencia nacional y mantenerse en el radar de las aspiraciones presidenciales rumbo a 2030, necesita entregar un estado de Chihuahua electoralmente sólido. Una elección estatal con derrotas importantes, triunfos raquíticos o municipios estratégicos perdidos no sería precisamente la mejor carta de presentación para quien quiera presumir que Chihuahua sigue siendo territorio panista.

SUCESIÓN.- Por eso la selección de candidatos será el verdadero examen de la alianza que se está construyendo. Bonilla puede encabezar la fórmula, pero no puede ganar solo. Necesitará al PRI y todos los partidos que se puedan sumar, a los sectores que todavía conservan estructura, a los grupos municipales y, eventualmente, a otros aliados. De poco sirve tener al candidato mejor posicionado si debajo de él se coloca una colección de aspirantes cuya principal virtud consiste en conocer al dirigente que los propuso y no aportar nada a la causa de la gubernatura.


CONTRAPESO.- Y aquí aparece el escenario más delicado: si De la Peña llega a la alcaldía y logra ganar, el resultado podría interpretarse como una demostración de fuerza de la gobernadora, pero aquí si cuenta con cuanto gane porque si para conseguirlo se debilita la estructura que Bonilla necesita para llegar al Palacio de Gobierno, entonces el triunfo municipal podría convertirse en una derrota estratégica. Un gobernador necesita alcaldes que sumen, no competidores internos que terminen administrando el mismo capital político que él necesita para sobrevivir.

NUMEROS.- El tema aquí es de número, la estrategia es nulificar las votaciones adversas al PAN en Juárez con las de Chihuahua, generar un empate técnico en los diferenciales, cediendo con ello la madre de todas las batallas a los municipios medianos, sin embargo una diferencia mayor a la presupuestada en cualquiera de los municipios grandes, marcara una tendencia irreversible, es ahí donde radica el cuidado y tacto de elegir candidatos que aporten.

PREMISA.- En esta etapa convendría recordar dos viejas máximas que la política suele olvidarse frecuentemente justo cuando más se necesita: “el que para otros pide, para sí aboga” y “es más fácil hacerte amigo del listo que hacer a tu amigo listo”. La primera obliga a pensar en el proyecto completo antes que en la cuota personal; la segunda recuerda que no basta con poner a alguien en una candidatura para convertirlo mágicamente en un buen candidato.

ADVERTENCIA.- Bonilla ya tiene la candidatura prácticamente en la bolsa, pero la elección todavía no. Y ahí está la diferencia que puede cambiarlo todo. El PAN tiene un año para demostrar que la nominación no fue simplemente un acuerdo de grupos, sino el comienzo de una estrategia electoral. Porque si primero escogieron al candidato y después van a ver cómo construyen el equipo, entonces sí hay motivos para preocuparse.

EPÍLOGO.- ¿Por qué hasta ahora? Quizá porque finalmente los panistas entendieron que ya no podían seguir administrando la sucesión como secreto de familia. Ahora viene lo complicado: demostrar que la decisión fue correcta y también las que vienen en los municipios. Marco Bonilla tiene el bastión, la estructura y la ventaja inicial; Maru Campos conserva el poder para influir en las candidaturas, pero una cosa es mandar en el partido y otra muy distinta ganar una elección. Las urnas son bastante menos diplomáticas que los acuerdos de oficina.

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