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Lo que no se dice...

18 de agosto de 2026
Lo que no se dice...
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PLEITO.- La novela panista no ha llegado a su fin con la designación de Marco Bonilla. La apuesta no estará completa hasta definir quien es la figura a elegir como candidato o candidata en la capital del estado. La aparente cargada oficial de la elite panista gobernanteesta en favor de Santiago de la Peña ¡pero aun no hay nada objetivo! La polémica sigue, los exiliados del gabinete han manejado buen temple para no caer en provocaciones y generar un rompimiento.

DESPLAZAMIENTO.- Y sí, el escándalo político soterrado del PAN terminó haciendo algo que Morena parecía haber convertido en especialidad de la casa: quedarse durante meses con todos los reflectores. La diferencia es que ahora los papeles se invirtieron. Las internas del partido gobernante, sus precandidatos, sus pleitos y hasta sus diferencias públicas pasaron a segundo plano en Chihuahua, desplazados por una novela panista que tiene menos capítulos, pero bastante material para entretener a los espectadores de la política estatal.

NOVELA.- Lo curioso es que la historia se parece mucho a la de Morena, aunque con un guion distinto. En Acción Nacional, PRI y hasta en Movimiento Ciudadano ya saben, o por lo menos actúan como si supieran, quién será el candidato a gobernador: Marco Bonilla. Lo único que falta es que lleguen los tiempos legales para que la unción de este fin de semana se convierta en documento. Mientras tanto, todos hacen como que todavía están analizando posibilidades, porque en política hasta lo obvio necesita esperar a que alguien diga oficialmente que ya ocurrió.

DATO.- Seguramente es que Marco Bonilla aguantara en la silla de la alcaldía hasta que rinda su informe de gobierno, no hacerlo sería un error estratégico, no solo por regodearse con las acciones de gobierno a manera de carta de presentación, sino por los reflectores que le traerán en el previo, durante y posterior, tiempos en los cuales es fácil colocar mensajes de impacto, cobraderos en las próximas semanas en simpatías y votos.

UNIDAD.- Gilberto Loya y Jesús Valenciano, que durante algún tiempo mantuvieron encendidas sus respectivas veladoras, terminaron bajando las armas y sumándose al proyecto de unidad. Eso, desde luego, facilita el camino para Bonilla. Cuando los aspirantes comienzan a reconocer quien trae los dados cargados y lo aceptan, la operación política gana tranquilidad.

RESISTENCIA.- El nombre que sigue provocando comezón dentro del panismo es Santiago de la Peña. En la dirigencia estatal del PAN lo quieren y en Palacio de Gobierno también. El detalle es que una parte importante del panismo no parece compartir ese entusiasmo.

INSURRECCIÓN.- Por eso no puede minimizarse la postura de César Jáuregui y Rafael Loera. No son figurantes de reparto ni militantes que hayan aparecido ayer para pedir una candidatura. Tienen presencia, relaciones políticas y, sobre todo, una corriente de opinión que no puede desaparecer con un comunicado. Hasta ahora ambos han manejado el desacuerdo con inteligencia: levantan la mano, expresan sus aspiraciones y mantienen el lenguaje político. No han incendiado la casa, pero tampoco han entregado los cerillos.

DATO.- Cesar Jáuregui, el ex fiscal reapareció ayer en sus redes sociales con tres datos interesantes, el primero es el reconocimiento a la gobernadora, la segunda es su coincidencia en favor de la causa de Marco Bonilla y el tercer factor es la omisión en la referencia a Santiago de la Peña.

SOMBRA.- Los tres datos tienen valor referencial grillo si se parte del factor que fue desde Palacio de Gobierno estatal donde se dejó deslizar la posibilidad de que quienes no se alinearan con la decisión pudieran ser considerados, en términos genéricos, potenciales “traidores”. El calificativo es políticamente pesado y quizá por eso mismo no ha producido el efecto esperado. Jáuregui y Loera siguen ahí. No se fueron del partido, no rompieron públicamente y tampoco renunciaron a sus aspiraciones. En otras palabras: aceptaron jugar el partido, pero todavía no han firmado la hoja donde dice que están obligados a aplaudir todas las jugadas.

COMPLICACIÓN.- Una cosa es anunciar a Bonilla como candidato de unidad y otra conseguir que todos los grupos actúen como si realmente existiera esa unidad en todo. Si el proyecto incluye a Santiago de la Peña como pieza fundamental en la capital del estado, el problema deja de ser únicamente quién quiere ser candidato y se convierte en quién está dispuesto a cargar con el costo político de esa decisión.

REFLECTORES.- Mientras tanto, Morena observa cómo la discusión que durante meses dominó la conversación pública estatal empieza a perder espacio. Andrea Chávez, Cruz Pérez Cuéllar y las distintas corrientes morenistas tendrán que volver a recuperar el escenario si no quieren que el PAN les robe la función completa. Y eso tiene su gracia: el partido que parecía destinado a consumir todos los reflectores terminó cediéndolos precisamente cuando Acción Nacional comenzó a ventilar sus propias diferencias.

ESTRATEGIA.- Para Bonilla, el desafío no será solamente obtener la candidatura, porque esa parte parece prácticamente resuelta. La verdadera batalla será construir una candidatura capaz de sumar a los inconformes sin humillarlos, incorporar a los grupos que todavía esperan compensaciones.

BALANCE.- El PAN tiene una ventaja sobre Morena; tienen una candidatura prácticamente definida, eso significa estar en posibilidades de hacer amarres y compromisos teniendo toda la palabra para empeñarla en su causa.

IRONÍA.-Aunque su tropezón sigue siendo el suspenso en las definiciones en la capital del estado. La definición es tan estratégica que de ello puede depender el arribo de Bonilla a la gubernatura.


Desde la Rumorosa…

VISA.- Por supuesto que la negativa de una visa estadounidense a un integrante de la familia del expresidente Andrés Manuel López Obrador es un asunto político, aunque jurídicamente Estados Unidos no tenga obligación de explicar públicamente cada decisión migratoria.

DECISION.- No se trata de cualquier ciudadano que tuvo un inconveniente en una ventanilla consular; se trata de un miembro de una familia que durante seis años estuvo en el centro del poder político mexicano y que todavía conserva una enorme influencia dentro de la llamada Cuarta Transformación. Por eso, más allá del trámite migratorio, el episodio tiene una lectura política inevitable.

MENSAJE.- Washington no ha convertido la visa en un certificado de inocencia o culpabilidad, ni la negativa demuestra por sí misma que exista un delito. Pero tampoco puede ignorarse que Estados Unidos utiliza sus mecanismos migratorios y financieros como instrumentos de política exterior y seguridad.

CONTRASTE.- Y aquí aparece una comparación que resulta incómoda para el sistema mexicano: ¿cuándo una autoridad de la Cuarta Transformación investigaría con la misma determinación a los integrantes de la familia presidencial o del expresidente? La respuesta que muchos mexicanos tienen en la punta de la lengua es sencilla: difícilmente.

PATRIMONIO.- También sería irresponsable convertir las investigaciones y señalamientos periodísticos sobre los hijos del expresidente en sentencias judiciales. Una cosa es que diversos trabajos periodísticos hayan documentado negocios, relaciones empresariales o un cambio visible en el nivel de vida de algunos integrantes de la familia, y otra muy distinta es acreditar jurídicamente la comisión de un delito.

CAPOS.- Basta observar el caso de personajes vinculados con organizaciones criminales que durante años fueron señalados en México y que terminaron detenidos, procesados o juzgados en Estados Unidos y sin extradición ¿por qué durante tanto tiempo no ocurrió nada aquí? Si la justicia estadounidense consigue construir expedientes que derivan en procesos penales mientras en México las investigaciones duermen, prescriben o simplemente no llegan a ninguna parte.

SOSPECHA.- La negativa de una visa pueda ser celebrada por sectores que durante años han sentido que las instituciones mexicanas no les ofrecen respuestas. No porque Estados Unidos tenga derecho a decidir quién es culpable y quién inocente en México, sino porque una determinación de Washington pone bajo los reflectores a personas que aquí han logrado permanecer políticamente blindadas.

LÍMITE.- Una visa negada no equivale a una orden de aprehensión, ni una restricción migratoria constituye prueba de corrupción. Convertir automáticamente una decisión consular en una condena sería reproducir exactamente aquello que se cuestiona: la utilización de instituciones para sustituir la investigación por la sospecha. VERGÜENZA.- Es preocupante que en México ha llegado al punto en que la ciudadanía considere más confiable una investigación extranjera que una mexicana. Ese es un fracaso institucional mayúsculo. Porque un país soberano no puede depender permanentemente de Washington para investigar a sus políticos, perseguir a sus delincuentes o esclarecer sus redes de complicidad.

MORALEJA.- El caso de “Andy”, por lo tanto es algo más que una anécdota migratoria, es un espejo incómodo para la Cuarta Transformación y para el sistema de justicia mexicano.

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