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Lo que no se dice...

23 de agosto de 2026
Lo que no se dice...
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AUTODESTRUCCIÓN.- La alianza PRIAN parece empeñada en demostrar que para perder una elección no necesariamente hace falta tener un mal candidato; basta con tener una buena dosis de desgaste interno. Lo curioso es que, pese a los encontronazos, las descalificaciones cruzadas y las discusiones sobre si debe mantenerse o no el acuerdo, todo apunta a que la alianza no terminará disolviéndose. Al contrario: casi es seguro que sobrevivirá, pero llegará tarde, cansada y con más cicatrices que argumentos.

CONSEJEROS.- El problema ya llegó al interior del PAN, donde la discusión sobre si debe existir o no una alianza con el PRI comenzó a dividir incluso a los propios consejeros panistas. Unos, los menos. Defienden la necesidad de caminar juntos; otros parecen convencidos de que el blanquiazul puede lanzarse solo y recuperar por sí mismo lo que alguna vez tuvo.

OPCIÓN.- Lo que quizá todavía no terminan de decirse con todas sus letras dentro del PAN es que la alianza con el PRI no es una opción más: es la opción. Puede gustar, puede incomodar, puede generar urticaria entre los panistas más puristas y nostalgia entre los priistas que todavía creen que el tricolor puede regresar a sus épocas de gloria, pero la realidad electoral tiene la mala costumbre de no consultar los sentimientos partidistas. El PAN necesita estructura y territorio; el PRI conserva operadores, cuadros y redes. Separados pueden presumir dignidad. Juntos, al menos, pueden presumir posibilidades.

OPERACIÓN.- Y mientras los consejeros discuten públicamente lo que todavía no quieren institucionalizar, buena parte de los socios tricolores ya está operando en los hechos para la causa panista. Hay priistas que hace rato entendieron que la batalla no se ganará desde la comodidad de las siglas, sino desde la operación territorial. Algunos ya están trabajando, acercándose, negociando y tendiendo puentes.

DESESPERACIÓN.- Del lado priista tampoco reina precisamente la tranquilidad. Hay sectores que observan con preocupación que una eventual alianza demasiado cargada hacia el PAN podría reducir sus posibilidades de obtener candidaturas, posiciones y espacios de representación. En tiempos de la catapixia cuando hasta las migajas se disputan como si fueran banquetes nadie quiere llegar al reparto cuando ya se acabaron los platos.

NEGOCIACIÓN.- Los panistas quieren preservar el control de las principales decisiones; los priistas buscan que su estructura tenga recompensa; y los actores que operan por fuera de las siglas pretenden llegar a la mesa con suficiente capital político para que nadie pueda ignorarlos.

FACTO. -Y aquí está quizá la parte más interesante del escenario: no solamente estarán los priistas y panistas que aparezcan formalmente en el convenio. También estarán los aliados de facto que aun relacionados con el PRI no necesariamente cargarán la bandera de un partido, pero que operarán para el mismo objetivo.

Desgaste. El riesgo para el PRIAN no es, entonces, que la alianza desaparezca. El verdadero peligro es que llegue demasiado tarde. Que después de meses de pleitos internos, sospechas, recriminaciones y cálculos personales, terminen sentándose a negociar cuando ya se haya gastado buena parte del capital político que necesitaban para competir.

Catapixia. Así que, por más discursos de independencia, dignidad partidista o autonomía que se escuchen, el desenlace parece bastante previsible: habrá alianza. El verdadero pleito no será decidir si van juntos; será decidir quién se queda con qué.


Desde la Rumorosa…

RECULE.- En morena también cuenta su propia historia de desgaste, pero no tiene relación con los otros partidos. Rubén Rocha Moya ya no parece una jugada política; parece una escena escrita por un guionista con exceso de imaginación. Después de 112 días fuera del cargo, el gobernador de Sinaloa regresó al despacho para asumir nuevamente la gubernatura... ¡por un día! Y luego volvió a pedir licencia. Si alguien buscaba una manera de convertir un acto institucional en una escena de comedia política, difícilmente habría encontrado una fórmula más eficiente.

DISTRACCIÓN.- Desde luego que alguien podría interpretar la maniobra como una operación para desviar los reflectores de otro asunto incómodo para la Cuarta Transformación: el caso de Andy López Beltrán y la suspensión de su visa estadounidense y entonces apareció Rocha Moya dispuesto a convertirse en huracán mediático.

DESCOMPOSICIÓN.- El asunto verdaderamente interesante no está en determinar si Rocha Moya fue utilizada como distractor. Está en observar quién lo mandó a distraer y quién decidió dejarlo solo. Ahí es donde la historia adquiere otra dimensión. La operación, lejos de mostrar la fortaleza de la 4T, exhibe las grietas de una estructura política donde las diferencias internas comienzan a salir del salón privado y a caminar por los pasillos públicos.

DESAUTORIZACIÓN.- La presidenta Claudia Sheinbaum y miembros de su gabinete prácticamente tuvieron que salir a marcar distancia de la decisión. La pregunta inevitable fue: ¿quién le dijo que regresara? Rocha Moya no es un improvisado de la política, ni llegó ayer a esto. Regresar después de 112 días, solamente para solicitar licencia nuevamente, no es precisamente una operación de alta precisión.

ORFANDAD.- Entonces queda una hipótesis incómoda: si la presidenta no lo respaldó, si el gabinete tampoco avaló el movimiento y hasta legisladores de Morena cuestionaron la decisión, ¿quién estaba detrás? La respuesta que algunos quisieran escuchar sería Andrés Manuel López Obrador. Después de todo, Rocha Moya ha sido uno de los personajes identificados con el obradorismo

KAMIKAZE. Queda entonces la posibilidad de que Rocha Moya haya decidido jugar por la libre. Pero esa hipótesis tampoco resulta sencilla de digerir. Un político experimentado puede cometer errores, naturalmente; lo que cuesta trabajo imaginar es que se lance voluntariamente a una maniobra que sabía que podía provocar un choque frontal con la dirigencia nacional de su propio movimiento. Eso sería prácticamente un acto kamikaze.

MONREAL. Para rematar la faena apareció Ricardo Monreal, coordinador de la bancada morenista, quien también cuestionó el regreso y prácticamente le recomendó al gobernador hacer lo que finalmente terminó haciendo: pedir nuevamente licencia. Es decir, Rocha volvió para irse. Regresó para renunciar. Tomó posesión para dejar el cargo.

GOBERNADORES. -Y por si faltara algo, también desde el grupo de gobernadores morenistas aparecieron señales de inconformidad. Ahí está quizá la lectura política más importante: Rocha Moya no solamente enfrentó cuestionamientos desde la oposición o desde sectores externos; encontró resistencia dentro de su propia casa.

REFLECTORES. Si la intención original fue quitarle reflectores al caso de Andy López Beltrán, la operación tuvo un pequeño defecto de fábrica: terminó alumbrando precisamente las divisiones internas de Morena.

DESENLACE.- Rocha Moya ya está nuevamente fuera del gobierno de Sinaloa. Lo que queda dentro es el ruido político. Porque el verdadero problema no fue que regresara por un día; el problema es que su regreso exhibió que no todos estaban enterados, no todos estaban de acuerdo y, aparentemente, no todos estaban dispuestos a respaldarlo.

CONCLUSIÓN. Lo de Rocha Moya puede haber comenzado como una maniobra de distracción, como una decisión personal o como una jugada recomendada por alguien que creyó estar haciendo una genialidad. Pero terminó convertido en otra cosa: un retrato involuntario de la descomposición interna de la 4T.

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