Lo que no se dice...
22 de mayo de 2026


CONFUSION.- Dados los múltiples distractores de orden político y discursivo que imperan a nivel nacional, hace falta, es mas es urgente que se haga una redefinición del concepto de “Soberanía” nacional, porque es imposible comprenderla sin falta de acciones libertarias.
MANIFESTACION.- ¿qué tal si se inicia con una manifestación en lo más recóndito de la zona serrana? Es ahí donde se construye la patria en medio de la nada, donde el gobierno no llega y la fuerza del mas fuerte es la única soberanía que se impera y la traición a patria se consuma a diario en cada asesinato en cada evento que infunde miedo, en cada canallada donde se despoja a los que tienen poco de ese poco y aun así se niegan a abandonar el terruño, porque es el que da sentido de pertenencia.
OLVIDO.- Soberanía de discurso que contrasta con la ingobernabilidad de campo que es un reclamo permanente a todos los niveles de gobierno que se han olvidado de cómo se construye la patria y gastan miles en movilizaciones urbanas, donde los vean hacer el show que siempre termina en nada.
REALIDAD.- Así, mientras en las mesas nacionales de debate se desgarran las vestiduras hablando de la “soberanía vulnerada” por la posible participación de extranjeros en tareas contra la delincuencia, en la Sierra de Chihuahua la soberanía ya no está vulnerada… está subarrendada, hipotecada y probablemente con derecho de apartado.
DIFERENCIA.- Una cosa es la narrativa patriótica de conferencia mañanera y otra muy distinta lo que ocurre en municipios como Guadalupe y Calvo, donde los grupos criminales ya no solo disputan territorios: administran tiempos, rutas, silencios y hasta desalojos temporales de viviendas. Y todo ante la mirada institucional más parecida a la de un turista perdido que a la de una autoridad constitucional.
HABLADAS.- La discusión nacional entonces se convierte en un concurso de oratoria universitaria, teórica: “la soberanía”, “la autodeterminación”, “la injerencia extranjera”. Muy bonito el marco teórico. La realidad la callan los sin voz, los que viven en esas regiones donde la única autoridad es a la que le alcanza el discurso para inaugurar obras, tomarse fotografías y subir mensajes motivacionales a redes sociales.
CENTRO.- En Guadalupe y Calvo la violencia ya dejó de ser una crisis extraordinaria; evolucionó a costumbre administrativa. Lo grave no es solamente la presencia criminal, sino la normalización absoluta del caos.
ALCALDESA.- Aquí es donde se cuenta el caso de la alcaldesa morenista Ana Laura González, quien evidentemente no tiene capacidad material para enfrentar a grupos armados, eso sería absurdo pedirlo. Pero sí tiene la obligación política y moral de convertir la gestión en denuncia y presión institucional que mejore las condiciones de seguridad y de libre tránsito.
SINIESTRO.- La presidenta vive este problema como su dia a dia, está en medio incendio, que no quiere o no puede ver. Esta más concentrada en construir la narrativa épica de su administración y en pedir que “no acepten menos” para quienes lleguen después, la duda asalta si la referencia es que no acepte menos parientes en la nómina que los actuales ¿o a que es la alusión?
HUECO.- En un discurso donde se presume transformación bajo las circunstancias actuales suena hueco, estéril, vano. La realidad se pinta de otro tono cuando los ciudadanos reciben avisos de desalojo por parte del crimen organizado como si fueran comunicados oficiales de Protección Civil.
ACCIONES.- La escena parece escrita por un guionista con exceso de sarcasmo: hombres armados llegan a comunidades como Ojo Frío para avisar amablemente a los vecinos que desalojen sus casas porque habrá enfrentamientos. Los habitantes, ya curtidos por la tragedia, ni siquiera se van. Se quedan observando durante horas el intercambio de fuego de cerro a cerro, como quien presencia una tormenta anunciada que ya forma parte del paisaje.
OPORTUNOS.- Eso sí, al día siguiente aparece el Estado… sobrevolando; un helicóptero, una avioneta dando solo un saludo aéreo, no bajan, no actúan, no investigan, ¡no pasa nada! Es el fin del operativo. Esta es la nueva versión de la soberanía medida desde las alturas.
EXIGENCIA.- Los hechos recientes son demasiado graves para esconderlos detrás de discursos patrióticos. Hace apenas dos semanas, un dron utilizado por un grupo criminal lanzó un explosivo contra un vehículo rival en Puerto Sabinal y asesinó a dos personas. Tecnología de guerra aplicada en plena sierra mexicana. Después vinieron enfrentamientos en Puerto de las Vírgenes. Luego Ojo Frío. Y nada cambia, solo por citar las referencias de los lugareños en torno a los hechos de las últimas dos semanas.
VERGÜENZA.- Pero eso sí: el gran debate nacional consiste en indignarse porque alguien de fuera pudiera participar en acciones contra el crimen. Resulta curioso. Hay más energía política dedicada a discutir hipótesis diplomáticas que a recuperar territorios nacionales donde el Estado dejó de gobernar hace tiempo, como si fuera un estado dentro de otro estado y nadie tutela la soberanía.
ESTADO.- El gobierno estatal tampoco sale bien librado. Gilberto Loya parece más visible en dinámica política y proyección personal que en dar resultados tangibles de seguridad. Una cosa es la estrategia de comunicación y otra la percepción de las familias serranas que viven entre retenes criminales, desplazamientos silenciosos y economías sometidas al derecho de piso. ¿Dónde están los libertarios de la sobajada nación?
FEDERAL.- La federación que es quien constitucionalmente tiene la responsabilidad principal en el combate a la delincuencia organizada, actúa como comentarista de partido ajeno: observa, declara, promete coordinación y vuelve a observar. Esta más entretenida en cuadrar como enjuiciar a una gobernante que en garantizar los derechos fundamentales a los habitantes de este pedazo de México.

REPERCUSIONES.- La economía regional está prácticamente muerta. La extracción de madera opera bajo presión criminal, los cobros ilegales son parte de la rutina y el control territorial ya ni siquiera se disimula, la tala clandestina es la fuente de financiamiento más recurrente.
DISRUPTIVO.- Entonces vale la pena hacer una pregunta incómoda, aunque rompa el romanticismo político del momento: ¿La soberanía se pierde cuando participa un extranjero en tareas de seguridad… o cuando los ciudadanos mexicanos deben pedir permiso al crimen para vivir en su propia tierra?
CONCLUSION.- Si la respuesta sigue dependiendo del discurso partidista y no de la realidad que viven miles de familias en la sierra, entonces el país corre el riesgo de convertirse en una nación donde la soberanía solo existe en comunicados oficiales y ceremonias protocolarias, pero no en los caminos donde verdaderamente debería sentirse: los de la vida cotidiana.




