México sin rumbo
6 de abril de 2026

Sota, Caballo y Rey
Dr. Fernando A. Herrera

¿A dónde va México? La pregunta se repite en sobremesas, taxis y redes sociales, y la respuesta suele ser la misma: a ninguna parte. Los partidos nos han fallado, los políticos nos han decepcionado y, lo más grave, la sociedad ha renunciado a tomar el timón.
No hay partido que se salve del juicio ciudadano. PRI, PAN, PRD y ahora Morena han transitado del entusiasmo a la desconfianza con una regularidad que ya parece ley: prometen cambio, administran inercias y terminan siendo parte del problema que juraron resolver. Los políticos, por su parte, pueden prometer lo que sea; la gente ya no los escucha, solo sonríe. No por cinismo, sino por experiencia.
Pero el diagnóstico no se agota en ellos. El problema mayor está en nosotros. Hemos normalizado que gobierne quien movilice a un tercio del padrón. En la elección presidencial de 2024, con una lista nominal de 98.3 millones de ciudadanos, votó el 61%. Con eso bastó para que casi 36 millones de votos definieran la Presidencia. Es decir: 37% del padrón decidió por el 100% del país.
Y la tendencia no cambia. Las elecciones intermedias en México convocan, en el mejor de los casos, a poco más de la mitad del electorado: 52.6% en 2021, 47.7% en 2015, 44.6% en 2009. Si en 2027 votan entre 48 y 55 millones de personas, Morena —que hoy mantiene una preferencia estable de entre 28 y 30% del padrón— podría refrendar mayorías en ambas Cámaras y ganar la mayoría de las gubernaturas en disputa. Con ello tendría la vía libre para continuar el desmantelamiento institucional que, a la vista de todos, ya está avanzado: órganos autónomos debilitados, contrapesos desmantelados, reformas aprobadas por disciplina partidista y no por deliberación.
No se trata de simpatías. Se trata de aritmética democrática: cuando la mayoría no vota, la minoría organizada decide. Y lo decide todo.
¿Qué hacer? Solo hay una respuesta realista: votar. Aunque estemos cansados. Aunque estemos hartos. Votar por quien cada uno quiera, incluso por quienes hoy gobiernan, pero votar. Porque la legitimidad no se mide por el triunfo, sino por la participación. Un gobierno electo por el 60 o 70% del padrón tiene un mandato muy distinto al de uno electo por el 35%.
México no necesita salvadores. Necesita ciudadanos. Y eso empieza por algo tan básico, tan elemental y tan olvidado como acudir a las urnas. Hágalo por México. Pero, sobre todo, hágalo por usted.

La Expresión Continúa...





