México con la aprobación que apenas aguanta y la confianza de la gente que se rompe.
Todo gobierno se puede derrumbar por la falta de dinero en el bolsillo de su gente y nuestro México entró este año en ese dilema.
5 de julio de 2026

De Fernando herrera

Aunque la presidente conserva algo de capital político, incluso, sobre niveles que cualquier mandatario envidiaría, pero por primera vez en este segundo sexenio de la llamada Cuarta Transformación, la percepción del consumidor ya se refleja divorciada de la aprobación presidencial.
Los números incómodos vienen de múltiples factores.
Una encuesta de LatAm Pulse de AtlasIntel para Bloomberg News, levantada del 24 al 28 de abril entre 2,948 personas, ubica la aprobación de la presidente en 51%, tres puntos por debajo de los que obtuvo en marzo y 15 puntos abajo de lo que tenía hace un año.
En un corte previo, la misma encuesta reportaba 54% de aprobación, pero con 41% de desaprobación que se desplomó cinco puntos más en el último mes.
Las mediciones nacionales, como es entendible, la colocan más arriba, pero, aun así, se confirma la erosión de su popularidad. Por ejemplo: El Financiero midió 69% de aprobación en mayo con 31% de desaprobación y Mitofsky reportó 69.6% en junio. La diferencia de 18 puntos con Bloomberg se explica por la metodología utilizada, no por la tendencia, porque aunque hay esas diferencias, todas marcan lo mismo: Aquel pico de 85% de febrero de 2025 se fue para no volver.
Mientras discutimos si es 51% o 69%, el consumidor emite un veredicto claro, no tengo dinero o no me alcanza para lo básico.
De acuerdo con la encuesta nacional sobre confianza del consumidor del INEGI, la confianza del consumidor lleva 17 meses en retroceso. La percepción sobre la situación económica del país en este año cayó a 43 puntos, el nivel más bajo desde agosto de 2020.
La gente que responde a las encuestas dice que no puede comprar electrodomésticos ni muebles, y, aunque no le pega directo a la 4T, si confirma que ya no le alcanza para su gasto.
¿Por qué se pierde la confianza si el empleo formal no ha colapsado? Hay dos anclas que el gobierno no ha querido o no ha podido resolver; seguridad y, recientemente la revisión anual a la que fue enviado el acuerdo comercial o T-MEC.
En la seguridad, los sondeos de El Financiero que le da 69% de aprobación a la presidente reconoce que la percepción negativa sobre el desempeño en seguridad es tremenda.
La inseguridad es un impuesto invisible porque no se refleja en la inflación sino en la confianza
El T-MEC ralentizado a revisión anual propicia que el mercado opere con cautela. Por ejemplo, en la semana el peso retrocedió antes de que se diera la decisión que ahora está sobre el T-MEC y los estadounidenses se alistan para la tercera ronda el 20 de julio. Pero algo está claro, el esquema de revisión anual altera la variable económica fundamental de la confianza.
Ese es el punto que el discurso oficial no quiere reconocer porque la revisión del T-MEC dejó de ser un trámite técnico para convertirse en una revisión de política anual ligada a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Nuestra economía vive de exportar 80% de lo que produce a los Estados Unidos, así que no puede planear si cada 12 meses le pueden cambiar las reglas.
Las empresas posponen cualquier ampliación, sus directivos no contratan, y, lo peor, el consumidor no compra.
Sheinbaum heredó un gobierno que funcionaba con dos anclas: Los programas sociales que sostienen su aprobación y el nearshoring que sostenía la expectativa.
Ahora los programas sociales siguen pero la segunda ancla se puso en pausa.
Estamos en un país que aprueba a su presidente pero reprueba su futuro económico.
La historia política de México enseña que la aprobación es un colchón, no el piso, ese colchón aguanta golpes, pero si el consumidor acumula 17 meses cayendo, el colchón se arruina.
El 51% de Bloomberg no es una falsedad sino un aviso a tiempo de hacia dónde se está moviendo el 69% de la gente, y si no hay un golpe de timón en seguridad y en la certidumbre caeremos en picada.
La presidente todavía tiene margen. En el primer año o tal vez en julio pueda proponer un acuerdo claro, sin letras chiquitas para revertir la decisión de Trump, pero en tanto no coopere en la política de seguridad que quieren los vecinos y a la que también apuestan los ciudadanos mexicanos no habrá trato que valga.
Sin eso, México seguirá, por un breve tiempo, aprobando a su presidente en encuestas, pero llegará el momento en que ya no apruebe ni a una ni a lo otro.

La Expresión Continúa...





