Lo que no se dice...
1 de septiembre de 2026


FILTRACIÓN.- Ahora que ya comenzó a tomar fuerza la versión de que PAN y PRI sí irán juntos, aunque bajo la curiosa modalidad de “candidatos separados”, algunas acciones que la semana pasada fueron manejadas con extrema prudencia empiezan a adquirir una lectura política bastante más interesante. Aquello que entonces parecía una simple actividad partidista que convenientemente nunca terminó de confirmarse, hoy parece tener una explicación mucho más clara: preparar el terreno para que los priistas conozcan, acepten y eventualmente hagan suyo a un candidato que nació políticamente en el lado azul.
AUDITORIO. De acuerdo con priistas de Parral, la semana pasada estaba prácticamente listo un evento en el auditorio del PRI municipal, bajo la conducción de Julio Yáñez. La intención era convocar a militantes y a habitantes que pudieran ser llevados por los dirigentes de los diferentes sectores del tricolor. Hasta ahí, nada extraordinario: el PRI reuniendo a su gente en su propia casa. Lo interesante era quién estaría en el centro de la fotografía: el alcalde Salvador “Chava” Calderón.
APOYOS. Según las versiones que circularon, durante el encuentro se contemplaba además la entrega de apoyos asistencialistas, entre ellos despensas presuntamente provistas por el Gobierno del Estado. Y aquí es donde la prudencia —bendita virtud cuando se practica a tiempo— terminó imponiéndose. El evento fue suspendido y, por fortuna para todos los involucrados, no hubo necesidad de explicar por qué un alcalde panista estaría entregando o encabezando un acto de ese tipo dentro de las instalaciones del PRI municipal.
FAMILIARIZACIÓN. Y esa palabra resulta clave: familiarización. Porque si el esquema que se negocia contempla candidaturas comunes, el PRI tendría que registrar a los mismos candidatos que postule el PAN. En el caso de Parral, el PAN estatal ya habría definido que su propuesta para buscar la reelección es Salvador Calderón. De concretarse el acuerdo entre ambos partidos, el siguiente paso lógico sería que el PRI también lo registre como su candidato. Y para que eso no parezca un matrimonio arreglado a última hora, hay que empezar a presentarlo con anticipación.
NOVIAZGO. De ahí que aquel evento en el auditorio del PRI tenga ahora otra lectura. No era solamente llevar despensas, reunir gente y tomarse la fotografía. Podría haber sido el primer capítulo de un noviazgo político: llevar a Chava a la casa priista, presentarlo con los sectores, permitir que lo escuchen, que lo conozcan y, eventualmente, que comiencen a verlo como una opción propia. DESPENSAS. Y las despensas, por supuesto, tampoco son un detalle menor en este tipo de operación. Oficialmente serían apoyos asistenciales; políticamente, cualquier reunión donde se concentren militantes, líderes sectoriales y beneficiarios alrededor de un personaje público termina teniendo una lectura adicional.
JULIO. Si Calderón termina siendo candidato común, necesitará que los priistas de Parral no solamente lo toleren, sino que lo defiendan. Y para lograrlo, primero habrá que conseguir que quienes hoy lo ven como panista comiencen a verlo como el candidato que también representa al PRI.
PRI. Para el PRI, el cálculo es todavía más interesante. Si acepta a Calderón como candidato común, obtiene participación, posiciones y la posibilidad de mantener presencia política en Parral. Pero a cambio tendrá que poner su estructura a trabajar por un alcalde que no surgió de sus filas. La pregunta será si la negociación de candidaturas compensa suficientemente ese sacrificio partidista.
ABONO.- Los primeros abonos para que se vea a Chava como parte del priismo ya se están dando y es la llegada de más priistas al gabinete, tal y como se había vaticinado, aunque la primera incursión de las que vienen es la de la ex regidora priista Avelina Tarín, quien tomo protesta en patrimonio municipal, donde despachaba otro priista; Efraín Moriel.

Desde la Rumorosa...
ARRANQUE. Se puso interesante el inicio de semana político en Chihuahua, no solamente porque finalmente se confirmó lo que durante días se manejó entre bambalinas: la gobernadora María Eugenia Campos sí se reunió con Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, sino porque después del encuentro comenzó una auténtica guerra de declaraciones que, por momentos, parece más propia de divos ofendidos que de dirigentes políticos negociando una alianza electoral. Se reúnen en privado y después salen a decir públicamente que no se necesitan. Una maravilla de la política moderna: primero el café y después los manotazos.
ENCUENTRO.- La pregunta inevitable es bastante sencilla: si el PAN de Maru Campos y el PRI de Alito Moreno consideran que son electoralmente autosuficientes, ¿para qué se reunieron? Porque las reuniones entre dirigentes nacionales y una gobernadora no suelen organizarse para intercambiar recetas de cocina ni para ponerse al día sobre el clima. Si hubo encuentro, evidentemente existe un tema que discutir y, a estas alturas, resulta bastante obvio que el tema se llama 2027 y tiene forma de alianza.
ALITO.- Apenas salió de la conversación, Alejandro Moreno hizo lo que mejor sabe hacer cuando encuentra un micrófono disponible: dejar claro que el PRI es indispensable. El dirigente nacional tricolor prácticamente puso sobre la mesa la tesis de que el PAN necesita al PRI para ganar Chihuahua. Y, aunque la forma pueda parecer bravucona y hasta provocadora, el fondo no carece de sustento. Las mediciones, las estadísticas electorales y, sobre todo, la capacidad territorial de ambos partidos muestran que ninguno está precisamente en condiciones de tirar cohetes por su autosuficiencia.
RESPUESTA.- La gobernadora respondió este lunes y rechazó la versión de Alito. Campos sostuvo que el PAN no necesita al PRI y recordó que los panistas ganaron Chihuahua en 2021 por sí solos. El argumento tiene una parte cierta, pero también viene acompañado de una conveniente amnesia selectiva. Porque si vamos a sacar los álbumes de fotografías de 2021, habrá que revisarlos completos y no solamente las imágenes que favorecen el relato que hoy se quiere contar.
MEMORIA.- En aquella elección, Chela Ortiz, entonces candidata del PRI a la gubernatura, declinó públicamente en favor de Maru Campos. Es cierto que aquella postura no constituyó una declinación con efectos jurídicos sobre la candidatura ni modificó formalmente la boleta electoral, pero políticamente tuvo un peso indiscutible. Lo mismo ocurrió con el exgobernador priista Fernando Baeza, quien también manifestó públicamente su respaldo. Y en una elección cerrada, los respaldos públicos no son adornos navideños: influyen, mueven simpatías y pueden inclinar preferencias.
AMNESIA.- De modo que decir que el PAN ganó “solo” en 2021 es una afirmación que requiere, cuando menos, un asterisco tamaño espectacular. Formalmente, Acción Nacional compitió con su candidatura; políticamente, recibió respaldos provenientes del priismo. Y esa diferencia es precisamente la que hoy incomoda reconocer.
SIMBIOSIS.- Pero aquí está la parte que tanto el PAN como el PRI parecen empeñados en no reconocer: se necesitan. No necesariamente porque exista una afinidad ideológica extraordinaria —eso sería pedirle demasiado al matrimonio—, sino porque electoralmente sus fortalezas son complementarias. El PAN conserva una base electoral importante, estructuras de gobierno y una marca competitiva; el PRI, aunque disminuido respecto a sus mejores épocas, conserva territorio, operadores, redes locales y una capacidad de movilización que todavía puede hacer diferencia.
DIVA.- Por eso resulta casi hilarante observarlos discutir quién necesita a quién. Es como ver a dos personas sentadas en la misma lancha peleando por demostrar que saben nadar. Ambos saben perfectamente que, si la lancha se hunde, ninguno tiene asegurado llegar a la orilla. Pero políticamente necesitan aparentar fortaleza antes de sentarse a negociar. Y entonces comienzan los “yo no te necesito”, “tú me necesitas a mí” y “yo gané solo”. Todo muy parecido a una pareja que se jura independencia mientras sigue compartiendo la hipoteca.




