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Lo que no se dice...

17 de septiembre de 2026
Lo que no se dice...
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MEDICION.- Pues nada, que en temas sociales, todo comunica, porque al final así es la política. Los funcionarios de elección popular salieron a gastar suela, por las calles de Parral, que los vean, ¡de eso no hay todos los días! Y por supuesto ello representa una exposición sin barreras ante el ciudadano que responde desde la muchedumbre con expresiones de todo tipo, pero también desde el desdén a la invitación a la fiesta que organiza la autoridad.

TERMÓMETRO.- Los festejos patrios volvieron a funcionar como un peculiar termómetro político. No se trata de confundir una plaza llena con votos seguros ni una plaza vacía con una derrota electoral, pero sí de observar cómo responde la ciudadanía ante quienes la gobiernan. Hace años la inconformidad era mucho más estridente: rechiflas, gritos, desafíos abiertos y hasta gobernantes tratando de terminar el acto sin salir raspados. Hoy el ciudadano encontró métodos menos ruidosos, pero no necesariamente menos contundentes.

SILENCIO.- La ausencia también comunica. No acudir al Grito, no salir al desfile, mirar desde lejos o simplemente dejar vacías las calles puede ser una forma silenciosa de expresar distancia. A eso se suman las críticas abiertas o veladas, las consignas y algunas expresiones que aparecen durante los recorridos. Ya no necesariamente se necesita una rechifla monumental para saber que existe inconformidad; a veces basta con contar quiénes no estuvieron.

PARRAL.- En Hidalgo del Parral el mensaje adquiere particular importancia porque Salvador Calderón está encaminado a buscar la reelección y estos festejos representan prácticamente una de las últimas fotografías sociales antes de que el proceso electoral avance y las posiciones comiencen a endurecerse. El alcalde acudió al encuentro con la ciudadanía no solamente como presidente municipal, sino como un político que necesita conocer cuál es la temperatura de la calle.

CALDERÓN.- El proyecto de reelección de Chava Calderón se sostiene también en el respaldo que dentro del PAN se le viene construyendo como una pieza estratégica rumbo a 2027. La alianza con el PRI y la posibilidad de una candidatura común pueden darle plataforma partidista, estructura y operación electoral. Pero ninguna negociación entre dirigentes sustituye algo mucho más sencillo: la percepción que tenga el ciudadano cuando el candidato camine por su colonia.

ESTRUCTURA.- La apuesta de Calderón ha estado precisamente en la construcción de estructuras territoriales, particularmente en colonias, donde las acciones de gobierno y la presencia de operadores permiten mantener contacto permanente con sectores de la población. El evento de su segundo informe mostró esa capacidad de convocatoria. Pero hay una diferencia que conviene no perder de vista: movilizar gente demuestra capacidad de organización; no necesariamente demuestra intención de voto.

DOS PARRALES.- Ahí aparece una de las grandes paradojas de cualquier campaña. Existen sectores donde el gobierno puede llegar mediante programas, gestión, obra, apoyos o estructuras políticas; pero hay otros donde la relación es mucho más libre y donde nadie tiene obligación de acudir, aplaudir o acompañar. Es justamente en esos espacios donde se mide con mayor claridad la percepción ciudadana. El problema para cualquier proyecto electoral es que, mientras mayor sea la distancia en esos sectores, mayor será la necesidad de invertir en operación política para intentar compensarla.

INVERSIÓN.- Y aquí aparece una de las reglas no escritas de la política electoral: cuando la simpatía espontánea no alcanza, las estructuras se vuelven indispensables. El candidato necesita operadores, presencia territorial y capacidad de movilización antes y durante la jornada electoral. Pero una estructura puede llevar personas a un evento; no puede garantizar qué harán esas mismas personas cuando estén solas frente a una boleta. La urna, esa sí, no recibe instrucciones de los coordinadores de colonia.

MEDICIÓN.- Por eso, los dos días de festejos patrios fueron para Calderón una especie de medición a escala real. No una encuesta científica, desde luego, sino una oportunidad para observar comportamientos: quién acompaña, quién saluda, quién reclama, quién permanece indiferente y quién simplemente decide no estar. Son señales que un equipo político serio debería registrar, porque la campaña todavía tiene tiempo, pero cada vez queda menos margen para corregir.

IMAGEN.- El punto delicado está precisamente ahí. Si existen sectores donde la imagen del gobierno no es favorable, reconstruirla en unos cuantos meses resulta una tarea complicada. No imposible, pero sí costosa. La administración tendría que demostrar resultados tangibles y no solamente mejorar la comunicación. Cargar con más negativos a estas alturas de la campaña resultaría letal, el alcalde conoce los alcances de un inconforme; trabaja dos o tres veces más que un convencido.

GABINETE.- Por eso los ajustes en el gabinete adquieren una dimensión política mayor. Si Calderón pretende llegar a la etapa electoral con posibilidades de defender su continuidad, las próximas semanas serán determinantes para terminar de acomodar piezas. Los cambios que se hagan más adelante tendrán un costo mayor, porque cada funcionario necesita tiempo para entender el terreno, corregir errores y producir resultados.

URNAS.- Al final, los festejos patrios no son una elección y sería equivocado convertir una asistencia o una ausencia en pronóstico electoral. Pero sí ofrecen un espejo. El ciudadano que hoy decide no acudir, que cuestiona, que guarda silencio o que participa con entusiasmo tendrá otra oportunidad de expresarse cuando tenga una boleta enfrente. Esa será la medición verdaderamente importante.

REMATE.- Salvador Calderón todavía tiene tiempo para ajustar, corregir y mejorar, pero ya no tiene todo el tiempo del mundo. El orgullo panista puede colocarlo como pieza importante de la estrategia de 2027; las estructuras pueden darle músculo y los acuerdos partidistas pueden darle candidatura. Pero al final habrá una estructura que ningún operador podrá controlar: la memoria del ciudadano. Y esa, cuando llegue a la urna, no necesita pase de lista, ni camión, ni convocatoria, ni invitación, la apuesta entonces es en zanjar diferencias, dialogar y negociar acuerdos y apostarle al mejoramiento de imagen.

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