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Lo que no se dice...

22 de septiembre de 2026
Lo que no se dice...
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QUIEBRA.- Los problemas financieros en la alcaldía de Parral no se pueden disfrazar más, la cuenta regresiva para la entrega del periodo de gobierno de Salvador Calderón esta en marcha y las cuentas no salen. La falta de recursos empieza a cobrar facturas… y la desesperación llega al punto de que hasta las tragedias ocurridas en seguridad pública producto de la  falta de equipamiento de las unidades se pretende que las paguen los policías, cuando la culpa la tiene quien no adquirió los accesorios indispensables para garantizar un buen servicio.

CRISIS.-La administración municipal de Salvador Calderón atraviesa uno de sus peores momentos, el problema financiero ya no parece poder esconderse más detrás de discursos, informes o fotografías de obra. Hay un desfase que, de acuerdo con estimaciones podría superar los 60 millones de pesos ¡y creciendo! Los adeudos se ocultan en los recovecos de las áreas de oficialía mayor y tesorería pero se delata a diario en la falta de liquidez,

HERENCIA.- Nadie puede borrar de un plumazo que la administración heredó problemas financieros de César Peña los cuales no fueron atendidos, por el contrario, le están dando su propio sello y agregaduría sin que en la ciudad se observe un cambio sustancial que justifique tan desproporción, pero ese será otro tema.

FLUJO.- Una cosa es tener presupuesto en el papel y otra muy diferente tener dinero disponible para pagar las cuentas. Cuando el flujo de efectivo comienza a escasear, aparece la creatividad administrativa: buscar de dónde sacar, qué diferir, a quién pedirle paciencia y, en el peor de los casos, quién puede terminar pagando los platos rotos y es en este punto donde estamos, donde Seguridad Pública acaba de convertirse en el capítulo más delicado de esa historia.

POLICÍAS.- Se trata del caso de los dos agentes municipales involucrados en el traslado de un detenido que murió después de lanzarse de una patrulla en movimiento, el tema llegó a la Comisión de Seguridad Pública. La asesoría jurídica del Ayuntamiento pretende deslindar a la alcaldía de la responsabilidad de la indemnización al plantear que los elementos debieron haber advertido las deficiencias de la unidad y actuar de otra manera, es decir en pocas palabras, cubrir la negligencia de mandar al servicio unidades sin equipar. Y ahí aparece la pregunta que incomoda: ¿quién puso esa unidad en servicio?, ¿los agentes? La camioneta en mención tenia meses así, ¿Qué estaban esperando para cumplir los requerimientos del Subsemun?

PATRULLA.- El problema aquí no comenzó el día del accidente. Desde mayo, Cabildo había emitido un exhorto para regularizar los vehículos de Seguridad Pública que operaban sin cumplir completamente con identificación, balizamiento y equipamiento. Entre las unidades señaladas estaban las pick up P-53 y P-59. Además, se había advertido que los vehículos adquiridos con recursos de FORTAMUN debían cumplir con la normativa correspondiente.

SITUACION.- Tres meses después, el asunto ya no era una discusión administrativa sobre si una patrulla tenía o no tubulares. Terminó convertido en un problema con una persona fallecida y dos agentes enfrentando consecuencias jurídicas.

NEGLIGENCIA.- Aquí habrá que esperar lo que determinen las autoridades competentes sobre las responsabilidades individuales. Pero existe otra responsabilidad que no puede desaparecer detrás de los uniformes: la administrativa. Si una corporación utiliza una unidad para trasladar detenidos, corresponde al gobierno municipal ¡y a nadie más! garantizar que esa unidad reúna las condiciones necesarias para hacerlo. El propio Cabildo terminó aprobando que las unidades que no cuenten con condiciones adecuadas de seguridad no sean utilizadas para trasladar personas detenidas.

EQUIPAMIENTO.- La contradicción resulta todavía más incómoda porque el Ayuntamiento ha presumido inversiones importantes en Seguridad Pública. En marzo anunció una inversión de 10.6 millones de pesos para 12 unidades y 10 bicicletas equipadas. Además, en su primer informe reportó inversiones previas provenientes de FORTAMUN para patrullas, chalecos y radios, pero esas no son las únicas verdades a medias de la síntesis del segundo año, ¡hay más! Pero es de otros temas que ya estarán saliendo.

SENTENCIA.- Si hay dinero para comprar vehículos, ¿por qué no hay dinero —o diligencia— para convertirlos en verdaderas unidades policiales antes de ponerlas a trabajar? Todo es parte del paquete del recurso federal, ¿en qué parte se quedó el dinero del equipamiento? Hasta a una empresa de Durango se la hubieran comprado, como hicieron con la adquisición de los depósitos de agua que se venden a precio de mercado y se promueven como ayuda social.

BALIZAMIENTO.- El asunto tampoco puede despacharse como una simple diferencia política entre el alcalde y la síndica. En agosto, Dalila Villalobos exhibió una unidad que, según sostuvo, continuaba sin balizamiento y sin el equipamiento requerido; Calderón respondió que se trataba de una unidad que estaba en un taller y que solamente quedaba una pendiente de rotulación. Es decir, el debate sobre las condiciones de las patrullas ya estaba instalado públicamente y sigue vigente antes y después de la tragedia.

RESPONSABILIDAD.- Por eso resulta particularmente delicado que ahora la salida planteada desde el Ayuntamiento sea colocar sobre los agentes la carga de haber advertido de las condiciones de la unidad. Un policía puede tener responsabilidades derivadas de sus actos, y eso deberá establecerlo la autoridad correspondiente. Pero un agente no compra la patrulla, no determina su equipamiento, no autoriza su incorporación al servicio y tampoco decide cuánto dinero asigna el Municipio para mantenerla en condiciones operativas.

Pretender que toda la cadena de responsabilidad termine en el último eslabón sería, cuando menos, una visión incompleta del problema.


DEFENSA.- Los dos policías, de acuerdo con la información conocida, optaron por contratar su propia defensa en lugar de aceptar la representación jurídica municipal ¡y que bueno que lo hicieron! De lo contrario ya estarían condenados. Esa decisión puede entenderse desde una lógica elemental: si consideran que la estrategia jurídica del Ayuntamiento podría terminar trasladándoles responsabilidades que ellos atribuyen a deficiencias institucionales, esas que no forman parte del informe donde solo se habla de las apariencias pero no de la realidad.

DINERO.- Y aquí vuelve a aparecer el fantasma de las finanzas municipales. Si la administración tiene que enfrentar una eventual indemnización, reparación del daño, responsabilidades patrimoniales o gastos derivados del caso, habrá presión sobre un presupuesto que ya estaría operando con dificultades por eso la salida políticamente más cómoda fue decir: “que pague quien tuvo la responsabilidad directa” omitiendo los cargos que se le deben hacer a quien debe  garantizar que ese servicio funcionara correctamente.

CONTRASTE.- Resulta todavía más paradójico cuando se revisan las prioridades. La seguridad pública tiene recursos específicos y el Municipio ha presumido inversiones millonarias en la corporación. FORTAMUN, precisamente, está vinculado al fortalecimiento de la seguridad municipal. Si una unidad destinada a labores policiales termina siendo utilizada sin las condiciones necesarias, el problema pasó de saber cuánto cuesta equiparla para pasar a determinar cuánto costó no hacerlo, por lo pronto aquí se contabiliza una vida y falta el tema material.

REMATE.- El problema de Parral ya no es solamente si faltan 60 millones, si faltan 20 o si el desfase financiero termina siendo menor o mayor. El problema es que cuando falta dinero, la administración comienza a buscar responsables donde antes debía haber buscado soluciones.

DUDAS.- En el listado de responsables que deben pagar por esa omisión debe incluir en primer término a quien salga como respuesta de la pregunta; ¿Quién autorizó que una unidad que no estaba en condiciones para trasladar detenidos fuera utilizada para hacerlo? Porque si la respuesta termina siendo “los agentes debieron darse cuenta”, entonces habrá que explicar también quién debía darse cuenta antes que ellos y si la administración municipal no tenía dinero para equipar la patrulla, tendrá que explicar no solamente donde esta ese recurso, para que se utilizó si venia etiquetado y finalmente responde algo más sencillo: ¿Poner en circulación una unidad así no es un fraude al programa SUBSEMUN, a la población y a los agentes que la tripulan? Insisto, es pregunta, no afirmación.

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