Lo que no se dice...
24 de septiembre de 2026


CRISIS.- Algo tuvimos que haber hecho en el pasado en esta vilipendiada comunidad de Parral que en el presente se está pagando el karma con creces. El castigo ha sobrevenido con un mal gobierno que no da una, ni en las discusiones ni en la acción. La referencia no es exclusiva para el alcalde y su equipo, los regidores, por si faltara algo ayer le hicieron una generosa aportación a esa crisis tanto que llevo a poner la sesión 69 del Cabildo en cortocircuito hasta el punto que los muertos se volvieron tema casi electoral y de seguridad nacional ¡y eso que no es tiempo de elecciones todavía!
DEGRADACIÓN.- Vaya nivel de debate el que está alcanzando la política municipal en Parral. La última sesión de Cabildo fue maratónica, pero no precisamente porque se haya descubierto la fórmula para arreglar la ciudad. Larga, ¡sí!, ¿productiva?… Bueno esa ya es otra historia sin final feliz. Hubo de todo: susceptibilidades, alusiones personales, muecas, reclamos, interpretaciones, agravios y hasta una batalla política por el préstamo del panteón la banalidad en su máxima expresión. A este paso no falta mucho para que en la próxima sesión se pase lista por bando y se entreguen cascos antes de entrar al salón.
CULTURICIDIO.- El punto del orden del dia de la obra Platicando con los Muertos resultó particularmente revelador. Después de dos años de administración calderonista no le había encontrado inconveniente en prestar el panteón para esta expresión cultural e incluso financiarla, pero ahora…¡oh, casualidad!, emergio súbitamente la incongruencia con carácter de irracional y alta dosis de visceral.
RAZON.- La negativa de no querer prestar el panteón municipal a los organizadores de la obra no tiene una relación cultural, de rechazo social y tampoco de haber incorporado figuras no gratas, pero si se trata de un celo enfermizo para quienes a los ojos del presidente representan potencialmente una amenaza a la silla de la alcaldía de Calderón.
NOMBRES.- Los organizadores son los mismos, entre otros personajes esta Liliana Valdez quien es la esposa de Jorge Rabling, quien de hecho también esta en el grupo de apoyo de Valorarte desde antes de ser un aspirantes a la alcaldía de Parral, ¡muy verde y sin partido! Pero aun asi, ese simple latir aspiracionista, elevó la temperatura del munícipe Chava al grado de negar el préstamo del inmueble del panteón, tema que casi adquirió ayer dimensiones de seguridad nacional o municipal. De pronto el panteón dejó de ser panteón y se convirtió en territorio electoral y en la manzana de la discordia entre el campeón defensor de la municipalidad y el retador a la alcaldía.
IRONÍA.- Lo curioso es que el alcalde Salvador Calderón parece haber descubierto que existe una nueva modalidad de combate político: impedir que el adversario organice eventos culturales. No vaya a ser que entre fantasmas, catrinas y muertos ¡aparezca un voto vivo para el enemigo! No será la primera ocasión que una elección se pierde con los votos del panteón.
CELOS.- El problema es que en ese ataque de celos se omite que Platicando con los Muertos no es propiedad de Rabling ni siquiera de su esposa; pertenece a una asociación civil y se ha convertido en una expresión cultural de Parral cuyos inicios datan desde antes de cualquier ímpetu aspiracionista de sus integrantes. No necesitaron estar en el poder para erigirse como promotores culturales, presunción que el alcalde no puede empatar en su hoja de vida previa a dirigir la comuna.
PUEBLO.- Pretender obstaculizar esta muestra bajo el argumento de que participa alguien con aspiraciones de alcalde es la expresión escénica más primitiva de la política municipal en los últimos años, es una aberración equiparable a pretender cancelar las fiestas patrias porque entre los asistentes pudiera haber un candidato. Eso dimensiona la visión de quien dirige una comunidad.
SÁTIRA.- Si la lógica continúa, llegaremos a un enanismo tal que en la práctica habrá que revisar la agenda municipal con lupa: que no se inaugure una calle si por ahí vive un aspirante; que no se arregle una cancha si juega el hijo de un opositor; que no se preste una plaza porque algún ciudadano pudiera tomarse una fotografía que después termine en Facebook. Y, por supuesto, habrá que pedir certificado de afiliación política hasta para comprar una bolsa de palomitas en un evento cultural o para entrar al cine. ¡Todo sea por proteger la reelección con piel de durazno!
CABILDO.- El deprimente espectáculo demencial de ayer no terminó en la visceral decisión expresada por el alcalde de no querer prestar el panteón. Los regidores también hicieron lo suyo. La discusión dejo de lado la agenda de los grandes problemas municipales para centrarse en las minucias de las guerras personales: quién dijo qué, cómo lo dijo, quién hizo una mueca, quién no puso atención y quién se sintió aludido. No parecía una sesión de Cabildo integrada por ediles bien pagados, rebajándose tanto hubiera alcanzado un mejor nivel una reunión de vecinos donde, en lugar de discutir por el estacionamiento, se disputa quién tiene derecho a hablar primero solo que aquí bajo sueldo público y micrófono incluido.
HILARIDAD.- Lo más simpático es que mientras los regidores se enredaban en discusiones personales, morales y sentimentalistas, afuera de la sala siguen existiendo problemas bastante más serios que los golpes a su ego y autoestima. Por un momento pareciera que el verdadero asunto digno de agenda ayer era determinar si alguien había puesto cara de pocos amigos. La ciudad y sus problemas deben esperar; el honor de cada regidor, aparentemente, no. Ahora se entiende porque la capital del mundo está en el abandono en el que se encuentra y como no, con estas distracciones egocéntricas, ¡era de esperarse!
INVASIÓN.- Y entonces ocurrió algo todavía más interesante: los regidores comenzaron a invadir el terreno ejecutivo del alcalde. Primero con la decisión del préstamo del panteón; después se agregaron en forma de reclamo el abandono de los espacios deportivos. Javier Lazos el regidor petista sacó el inventario de instalaciones deterioradas y prácticamente presentó el catálogo municipal de los desperfectos. Uno por uno. Cancha por cancha. Espacio por espacio. El mensaje fue demoledor: si los regidores tienen que convertirse en inspectores de mantenimiento para descubrir lo que ocurre en la ciudad es porque alguien en el ejecutivo municipal olvidó para qué sirve el aparato administrativo.
CONSERJERÍA.- Porque aquí aparece una pregunta con bastante más sentido del humor que el que hubo en la sesión: ¿ser alcalde de Parral consiste en administrar la ciudad o en administrar la falta de mantenimiento? Si hay poco recurso para obra, puede entenderse. Si hay limitaciones presupuestales, se explican. Pero si hay una sobrepoblación en la nómina y todavía salen con que tampoco alcanza para conservar lo que ya existe, entonces ¿a dónde se está yendo el dinero o quien se lo está llevando? Porque una cosa es tener una administración austera y otra convertir la austeridad en filosofía de gobierno y convertir el manejo del presupuesto en una estafa en despoblado.

POLÍTICA.- Y todo esto ocurre, casualmente, cuando ya comenzaron a moverse las piezas de 2027. Rabling no está escondido; Dalila Villalobos tampoco. Los priistas hacen sus cuentas, los panistas las propias y en Palacio Municipal seguramente ¡hacen las de todos, menos las propias! En ese contexto, cualquier decisión adquiere doble lectura y el alcalde debería saberlo: cuando el ambiente electoral comienza a calentarse, hasta prestar un panteón se convierte en asunto político.
SARCASMO.- Lo que quizá no han calculado quienes intentan cerrar espacios al adversario es que en política existe una vieja regla: si quieres que nadie hable de alguien, no hagas precisamente algo que provoque que todos hablen de él. Rabling consiguió, sin pagar publicidad, que su nombre apareciera en la conversación pública por un asunto cultural. Y Calderón consiguió, también sin proponérselo, que la discusión sobre una obra teatral terminara convertida en una discusión sobre la viabilidad de su eventual reelección.
DESGASTE.- El verdadero problema para Calderón, sin embargo, no se llama Rabling. Tampoco se llama Dalila, ni ningún otro aspirante. Se llama percepción ciudadana y si él la hubiera cuidado con el mismo afán que los negocios que se hacen desde el poder, ¡otro gallo le cantaría! Cuando un gobierno tiene resultados contundentes, adquiere gobernabilidad incluso por encima de los adversarios que gritan. Pero cuando comienzan a acumularse carencias, conflictos, deterioro y decisiones cuestionables, cada nuevo episodio se convierte en una pieza más del rompecabezas que arma el camino al despeñadero.
REALIDAD.- Calderón a estas alturas es difícil que aun tenga tiempo para corregir, pero aunque lo tuviera, ¡el oficio y disposición de hacerlo, no! El tema se insiste es de percepción y se puede compensar con una estructura que moviliza gente, repartir invitaciones, llenar eventos y organizar pasarelas. Pero no puede obligar a tener un buen concepto a un ciudadano que camina por una cancha deteriorada, observa un espacio abandonado, enfrenta un servicio deficiente o se le abre una vereda para la desculturización súbita.
REMATE. Y aquí está la verdadera ironía: mientras en el Cabildo algunos parecen estar peleando por quién manda, quién habla y quién presta un panteón, la ciudad está esperando que alguien simplemente gobierne. El Ayuntamiento no puede estar convertido en escenario de pleitos personales, celos políticos y carreras anticipadas por la candidatura.
SENTENCIA. El alcalde sigue muy lejos de demostrar que los críticos se equivocan porque para ello se necesitan más resultados y menos vetos, más mantenimiento y menos discursos; ¡gobierno y no grilla!




