Lo que no se dice...
31 de agosto de 2026


CITA.- La alianza entre PRI yPAN va, tómelo con cautela, los términos y condiciones aún no se clarifican, pero las primeras filtraciones hablan de una alianza diferente, sin intereses mancomunados, un trato asimilable a “un matrimonio por conveniencia” con votos separados y la dignidad en pagos diferidos
VISITA.- La visita de Alejandro Moreno a Chihuahua ayer domingo tuvo oficialmente un propósito muy concreto: tomar protesta a los integrantes que todavía quedan en el PRI estatal, esos activistas que pretenden rescatar a Chihuahua para el “partidazo”. Aunque, siendo realistas y quitándole un poco de maquillaje al discurso, habría que decir que más que rescatar al PRI lo que se está preparando es la “dote” para un matrimonio político. Y el pretendiente, en este caso, tiene nombre y apellido: Acción Nacional.
DOTE.- Es decir, visto desde ese ángulo, cada evento priista, cada estructura territorial que se presume y cada militante que aparece en la fotografía empiezan a adquirir un valor específico en la negociación que viene. El PRI necesita demostrar que todavía tiene algo que aportar y el PAN necesita reconocer que, aunque quisiera presumir autosuficiencia, solo no le alcanza para garantizar que Chihuahua permanezca fuera del alcance de Morena. Así que el tricolor está sacando sus bienes al aparador: estructura, territorio, operadores, votos y, sobre todo, la capacidad de competir bajo una misma bandera cuando llegue la hora de las urnas.
MARIDAJE.- La alianza, de hecho, ya existe en los hechos. Buena parte de los grupos panistas y priistas ya habría encontrado puntos de coincidencia y acuerdos para lo que viene. Lo que falta es ponerle acta al matrimonio, determinar quién se queda con qué y, sobre todo, cuánto vale cada una de las siglas.
BAMBALINAS.- Antes de la llegada de Alito Moreno corrió con insistencia una versión particularmente interesante: que el dirigente nacional del PRI podría sostener un encuentro discreto con la gobernadora María Eugenia Campos. Oficialmente, por supuesto, nada de eso habría formado parte del programa. Pero en política hay reuniones que no aparecen en la agenda precisamente porque, si aparecen, dejan de ser discretas. Y si hubo o no hubo encuentro, lo cierto es que ambos saben perfectamente cuál es la conversación pendiente: cómo construir una alianza capaz de enfrentar a Morena en 2027.
GOBERNADORA.- Maru Campos anda especialmente activa en ese propósito. La jefa del Ejecutivo estatal sabe que conservar Chihuahua lejos de Morena requiere mucho más que buenos deseos, discursos y banderas azules. El PAN tiene fuerza, pero también conoce sus límites. Y por eso la operación para sumar al PRI dejó hace tiempo de ser una posibilidad remota para convertirse en una necesidad estratégica. El romanticismo partidista puede esperar; la aritmética electoral no.
REALIDAD.- El PAN puede decir que es la fuerza dominante, el PRI puede recordar su historia y ambos pueden presumir estructuras, pero en la calculadora aparecen las verdades incómodas. Separados pueden competir; juntos pueden tener mejores posibilidades. El gran problema ya no sea si habrá alianza, sino cuánto costará.
PRECIO.- Y aquí comienza lo verdaderamente divertido. El PRI no estaría llegando a la mesa con la intención de llevarse solamente unas cuantas posiciones decorativas. Las pretensiones son ambiciosas. El tricolor quiere que su aportación electoral tenga un valor político concreto y que eso se traduzca en candidaturas, espacios y participación real. Dicho en lenguaje menos diplomático: si van a poner la dote, quieren escoger ¡hasta dónde va a vivir la novia!
JORGE. Del lado panista también hay una novela pendiente. Las versiones que circulan dentro de Acción Nacional aseguran que Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, habría terminado cediendo en aquella postura casi fundamentalista de que su partido iría solo. El problema es que, después de haberlo dicho con tanta insistencia, ahora necesita explicar el cambio sin que parezca exactamente lo que parece: un recule.
MATIZ.- Y ahí está el verdadero desafío para Romero. Cambiar de opinión en política no es pecado; lo complicado es haberlo anunciado con tanta contundencia. Ahora tendrá que construir una explicación suficientemente elegante para que lo que antes era “iremos solos” se convierta en “competiremos juntos bajo un esquema estratégico”. .
INVENTO.- La solución que estaría tomando forma tiene bastante ingenio: candidaturas comunes. Ir juntos, pero no revueltos. El PAN y el PRI compartirían candidatos, pero cada partido conservaría sus propios votos. Una especie de matrimonio moderno donde la pareja comparte casa, candidato, campaña y probablemente fotografías… pero mantiene cuentas separadas ante el IEE.
BONILLA. Bajo ese esquema, Marco Bonilla sería el ejemplo más evidente: un mismo candidato a gobernador respaldado por ambos partidos, pero con cada sigla contabilizando sus propios sufragios, al final ambos o los partidos que se negocien sumaran a la causa final. El panista votaría por Bonilla bajo las siglas del PAN y el priista por el mismo Bonilla bajo las del PRI. Todos felices, todos unidos y, sobre todo, nadie obligado a reconocer que aquello que antes llamaba alianza ahora se parece bastante a una alianza.
TRÁMITE.- El mecanismo tendría además una peculiaridad: los candidatos pactados tendrían que registrarse en ambos partidos, participar en sus respectivos procesos internos y posteriormente aparecer como candidatos comunes. Y la fórmula se extendería a alcaldías, diputaciones y demás posiciones donde PAN y PRI decidan compartir candidato.
COMPLICACIÓN.- Hasta ahí, todo parece maravillosamente diseñado. El problema aparece cuando la candidatura corresponda originalmente a un no panista. Ahí nadie parece tener dificultad. El PRI podría presumir orgullosamente que un panista también es candidato del tricolor. Hasta podrían decir que el azul ya aprendió a usar el rojo sin desteñirse. El inconveniente verdadero llegará cuando toque al revés.
DIGNIDAD.- Porque habrá que ver qué cara ponen los panistas cuando un priista tenga que registrarse en el proceso interno del PAN y ellos deban vitorearlo, respaldarlo y presentarlo como su candidato. Ahí sí podría comenzar la gimnasia ideológica: el priista que ayer era adversario, mañana tendrá que ser compañero; el que antes representaba al “partidazo”, de pronto será presentado bajo la noble bandera azul. Todo por la unidad, naturalmente.
RECULE.- Y ahí estará el costo político de la operación para Jorge Romero. No necesariamente el costo electoral, que podría resultar muy conveniente, sino el costo de explicar cómo aquel PAN que aseguró que iría solo terminó compartiendo candidatos con el PRI. Porque una cosa es rectificar una estrategia y otra es convencer a la militancia de que aquello que durante meses se presentó como una convicción inamovible en realidad era solamente una opinión provisional con fecha de caducidad.
CÁLCULO.- La política no tiene 0sentimientos de culpa cuando las matemáticas electorales aprietan. Si la suma PAN-PRI resulta más competitiva que la resta de ambos, la alianza terminará imponiéndose. Y entonces las viejas declaraciones, los agravios históricos y los discursos de independencia partidista quedarán guardados en el cajón de las cosas que se dijeron antes de que aparecieran las encuestas.

NEGOCIACIÓN.- Lo que falta, entonces, es conocer los términos y condiciones. ¿Cuántas candidaturas para cada partido? ¿Qué municipios? ¿Qué distritos? ¿Qué posiciones legislativas? ¿Quién encabeza dónde? ¿Cómo se seleccionan los candidatos? ¿Qué partido cede en cada región? Y, sobre todo, ¿cómo se tasa el valor real de las siglas? Porque una alianza no se firma con abrazos: se firma con porcentajes, posiciones y compromisos.
TERRITORIO.- El PRI pretende demostrar que conserva estructura suficiente para sentarse en la mesa con argumentos. La gira de Alito, la toma de protesta de sus defensores territoriales y los actos que vienen forman parte precisamente de esa exhibición de músculo. No se trata únicamente de decir “aquí estamos”, sino de convencer al PAN de que esos militantes, operadores y estructuras tienen un valor electoral que debe pagarse con candidaturas.
MATRIMONIO.- El escenario comienza a parecerse cada vez más a una boda anunciada, aunque todavía estén discutiendo quién paga la fiesta. PAN y PRI ya viven juntos en buena parte del territorio, en el congreso y hasta en algunos cabildos ya comparten intereses y ya entienden que Morena.
REMATE.- Al final, la fórmula parece ingeniosa: un candidato común, dos partidos, dos procesos internos y dos bolsas de votos. Juntos, pero no revueltos; aliados, pero sin llamarlo demasiado fuerte; casados, pero con cuentas separadas. El PRI pondrá su dote, el PAN pondrá la casa y ambos intentarán convencer a sus militancias de que no contradice las cosas que dijeron antes.
DECISION.-Porque si Jorge Romero prometió que el PAN iría solo, ahora tendrá que explicar que ir acompañado no significa haber cambiado de opinión… sino haber descubierto, quizá un poco tarde, que hasta los matrimonios políticos más fundamentalistas terminan necesitando pareja cuando llega la hora de pagar la renta.




