Para dar, no existe nada que alcance.
5 de mayo de 2026

Sota, Caballo y Rey
Dr Fernando A Herrera

Alguien me lo platicó algún día en una cantina de Chihuahua: “AMLO decía que al pueblo le avientas frijoles y come de tu mano”. No sé si lo dijo así, con esas palabras exactas. Da igual. Lo practicó como doctrina.
Porque no quería gobernar. Quería poseer. Y entendió antes que nadie que en México el hambre, la real y la simbólica, son más rentables que cualquier ideología. AMLO quería el poder a toda costa, y encontró la fórmula más vieja del mundo: hazte indispensable para el que no tiene nada, y fue así como logró convertir la pobreza en clientela. No le interesaba formar ciudadanía. Los programas sociales dejaron de ser los derechos usados para manipular, para pasar a ser dádivas con nombre y apellido obrador. La tarjeta del Bienestar no es un instrumento del Estado, es la mano extendida. Tú no recibes porque la ley te ampara, recibes porque él sí te ve.
Amlo sabía que los intermediarios medraban de los programas sociales, por eso los hizo a un lado. AMLO trabajó con el que diseñó la fórmula en la que los partidos, los gobernadores, los diputados, senadores, y empresarios manipulaban todo en elecciones y, encima, se enriquecían. Los vió como unos estorbos. Por eso los pulverizó o los compró. Por eso hoy su heredera, puede hacer malabares jurídicos imposibles: entregar a 92 capos a Estados Unidos en aviones de madrugada sin que un juez estornude, disque por “seguridad nacional”, y al mismo tiempo atrincherarse detrás del tratado para no tocar a Rocha Moya, a Inzunza, a Gámez, porque “faltan pruebas”. Contradicción? No. Coherencia. El frijol se da a quien obedece y se niega a quien amenaza.
Él cambió la lealtad por impunidad. El pacto no es “no robarás”, el pacto es “no me traicionarás”. Por eso el Distrito Sur de Nueva York puede acusar a toda la cúpula de Sinaloa de cobrarle al Chapo y vástagos por proteger cargamentos de fentanilo, y la respuesta no es una investigación, sino un montón de discursos sobre el “estigma” y la “soberanía”. AMLO lo entendió como nadie: cuando domesticas con frijoles, no necesitas convencer. Necesitas que necesiten y que dependan de ti. Y cuando dependen, te defenderán aunque los traiciones. Te defenderán aunque entregues el país a los militares, aunque abraces a la mamá del Chapo, aunque pactes con Washington para sacar a 92 narcos y luego acuses a Washington de intervencionismo. AMLO quería el poder a toda costa. Y ya lo tiene. No porque ganara debates, ganó la campaña porque logró que millones sintieran que si los ve y les da y después porque si él se va, se va el plato. El problema de un domador es que los animales aprenden. Hoy, la mano ya no es solo la de él, ahora hay otra mano de su movimiento, y aunque se coordinan, el celo los dividirá. Y la gente, que no es tonta, ya empieza a oler que el frijol viene con gorgojo, y que la mano que reparte y alimenta es la misma que protege a los que roban y se confabulan con los delincuentes. La gente ya entiende que blinda a los suyos.
Por eso el caso Rocha duele. No es jurídico, pero la gente lo está viendo como un símbolo. Esta es la prueba de que el frijol nunca fue para el pueblo. Fue para comprar su silencio mientras los nuevos de arriba se repartían el país. Cuando avientas frijoles y quienes lo reciben comen de tu mano, creas un imperio de dependientas, solo que será efímero porque para dar no existe nada que alcance.

La Expresión Continúa...






