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El silencio que propicia el peligro


17 de octubre de 2026
Sota, Caballo y Rey

Sota, Caballo y Rey

Dr. Fernando A. Herrera
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El referente de los derechos civiles en Estados Unidos, el Dr. Martin Luther King Jr., dijo: "Al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos". Esa advertencia sobre el peso de la indiferencia ha cobrado una vigencia brutal en América Latina.

Tras el revés de Lula da Silva en la primera vuelta, en la que quedó unos dos millones y medio de votos por debajo de su rival, un viejo amigo al que consultó le respondió con una frase demoledora: "Brasil cambió de la puerta hacia adentro, pero nada de la puerta hacia afuera". A pocos días de la segunda vuelta, esa lección describe una trampa que hoy se replica casi idéntica en México.


Aquí, los programas sociales han aliviado carencias básicas en millones de hogares; han arreglado algo de la puerta hacia adentro. Pero el bienestar que se sirve en la mesa desaparece al cruzar el umbral. Afuera nos esperan un transporte deficiente, un IMSS rebasado, calles llenas de baches como las de tantas colonias de Ciudad Juárez, carreteras olvidadas, inseguridad y delitos impunes. El contrato social está roto, y la estabilidad doméstica es una ilusión si al salir nos sentimos amenazados.


La complicidad

Aquí converge la lección de Brasil con el imperativo moral del Dr. King. ¿Por qué toleramos este peligro? En gran medida, por nuestro silencio. Callamos por la comodidad temporal que dan los apoyos o por miedo a alzar la voz en un ambiente hostil. Pero la prudencia y la comodidad no nos protegen; nos hacen cómplices. El fracaso del gobierno prospera en el terreno fértil de nuestra pasividad, y callar ante la destrucción de las instituciones es, en los hechos, traicionarnos a nosotros mismos.

Lo paradójico es que el cambio está a nuestro alcance sin pedir permiso a nadie: basta con votar.


Romper el silencio

No se puede gobernar ayudando al interior del hogar mientras el espacio colectivo se incendia. Tarde o temprano, los ciudadanos pasarán la factura; el riesgo es que lo hagan cuando sus hijos ya no estén seguros ni en la escuela ni en el camino. Por más apoyos que lleguen a casa, el miedo duerme en nuestra cama.

La justicia de una nación no se mide por lo que se reparte en la privacidad del hogar, sino por la paz, el orden y el desarrollo que se garantizan en el espacio que nos pertenece a todos.

La Expresión Continúa...

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