Justo Sierra

DICHO POR ROCHA
José Guadalupe Rocha Esparza

“No niego a mis enemigos eternos el derecho de injuriarme, puesto que conservo intacto mi derecho a despreciarlos”, había dicho el héroe blanco de México, aquel periodista, político, jurista, tribuno, educador, prosista e historiador que nació un día como hoy, hace ciento catorce años, cito el 13 de septiembre de 1912, el recordado maestro Justo Sierra Méndez.
Quien pronunciara aquella célebre frase “la nación tiene hambre y sed de justicia”, nació en Campeche y se le considera como uno de los más preclaros fundadores de la educación nacional, el único alto personaje del porfirismo reconocido por el México revolucionario, tanto que el presidente Madero lloró en la sesión luctuosa al escuchar al chihuahuense Urueta.
Don Justo Sierra llegó a ser el Supremo Sacerdote de la cultura mexicana y detrás de esa imagen se escondía un alma doliente, marcada por los azares de la política, las fluctuaciones del espíritu, las tensiones intelectuales y, sobre todo, la honda tragedia personal: la muerte de su padre y la de su hermano. “La universidad es la antorcha de la vida”, decía

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