¿Qué les pasó?
25 de mayo de 2026

Dr. Fernando A Herrera
Sota, Caballo y Rey

Hay una pregunta que retumba en toda sobremesa, en el café, en las reuniones y en la conciencia de millones: ¿Qué les pasó?
¿Dónde quedó la izquierda que nació de las causas sociales? ¿Qué diablos pasó con sus ideales? ¿Se olvidaron de sus años de lucha, de las marchas bajo el sol, de los plantones, de las consignas que gritaban y que nos decían que otro México era posible?
Dónde quedaron las causas por las que salían a las calles. La pobreza no se ha ido. La desigualdad duele en cada esquina, en cada barrio o pueblo. La violencia no nos da tregua. Los desaparecidos siguen desapareciendo y ni nombre tienen. Dónde están los que juraron combatir desde el poder, porque parece que decidieron cambiar de propósito. O peor: de bando.
El poder por el poder mismo
Cómo puede ser que se hayan olvidado de todo? La respuesta más cruda es también la más simple: el poder por el poder mismo los ha transformado. Ese poder que tanto denunciaron cuando lo tenían otros, ese poder al que llamaban “mafia del poder”, “oligarquía” o “neoliberalismo”. Acaso se les volvió adicción. Y como toda adicción, lo primero que devoró fueron los principios.
De pronto, la austeridad republicana se volvió simulación. La transparencia se convirtió en opacidad y reservas a todo por cinco años. La crítica feroz al “dedazo” terminó en una imposición de candidatos por tómbolas o encuesta nadie cree. La promesa de “no robar, no mentir, no traicionar” se topó con sobres amarillos, contratos asignados, obras sin licitar y familiares en la nómina.
Es inexplicable que hayan decidido seguir con las prácticas que criticaban. Con la corrupción que tanto señalaron. Esa corrupción solo cambió de manos, cambió de siglas, cambió de justificación. Ahora se le llama “transformación”, “operación política”, “gobernabilidad”. Pero en la tienda, en el taxi, en las filas del IMSS, la gente la sigue llamando por su nombre: corrupción.
La línea que nunca se debió cruzar
Y luego vino lo que ni en nuestras peores pesadillas imaginamos: La alianza con los criminales. Entender la política de “abrazos, no balazos” como una rendición del Estado. Ver a regiones enteras entregadas al cobro de piso, al desplazamiento forzado, al reclutamiento de jóvenes, mientras que desde el templete le piden a los delincuentes “portarse bien”.
La izquierda siempre dijo que estaba del lado de las víctimas. Hoy las víctimas preguntan: Por qué cambiaron de lado?
Porque si el Estado decide no enfrentar a quienes asesinan, extorsionan y desaparecen personas, está eligiendo un bando. Y no es el de la gente que los puso ahí. No es el de las madres buscadoras, ni el del comerciante extorsionado, ni del campesino desplazado.
La decepción de millones
Es una enorme decepción para millones de mexicanos que creyeron en ustedes. Les creían cuando decían que primero los pobres. Les creían cuando prometieron barrer la corrupción como la escalera de arriba hacia abajo. Les creían cuando hablaban de dignidad, de soberanía, de justicia social.
La gente no votó por una alternancia de colores. Votó por una transformación. Y lo que recibe es una transacción. Resulta que cambiaron los principios por el poder, las causas por los cargos, la ideología por el clientelismo electoral.
La historia no perdona a los movimientos que traicionan su origen. La izquierda mexicana nació en la oposición, en la resistencia, en la calle, en la defensa del más débil. Si muere en el palacio, abrazada a lo que juró destruir, no será porque la derrotó la derecha. Será porque se derrotó a sí misma.
¿Qué les pasó? Les pasó el poder. Y en el camino, nos perdieron a nosotros.
La pregunta ahora es otra, y es urgente: ¿Queda alguien ahí adentro que recuerde por qué empezaron? Porque afuera, millones seguimos esperando una respuesta. Y ya se nos acabó la paciencia.

La Expresión Continúa...





