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Austeridad pura

27 de agosto de 2026
Sota, Caballo y Rey

Sota, Caballo y Rey

Dr. Fernando A. Herrera
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Dicen los que saben de doctrina política que la austeridad republicana es un estilo de vida que exige un desapego total a los lujos de la alta burguesía. Sin embargo, en el paraíso de Quintana Roo que gobierna Mara Lezama, parece que la doctrina se entendió de otra forma: entre más alto vueles, más cerca estás de la transformación.


Vaya semana para la gobernadora quintanarroense. El diario Reforma le sacó las cuentas de sus viajes a los Estados Unidos y, de pronto, la austeridad morenista agarró olor a turbosina. Resulta que entre Orlando, Florida, y Denver y Vail, Colorado, la mandataria y su familia acumulan cerca de un centenar de vuelos privados. Unos 20 milloncitos de pesos en traslados VIP.


Cualquiera creería que para ir a Disney o, si eres muy fifí, a esquiar a Colorado, basta con comprar un boleto de una aerolínea comercial, como lo hace una parte del pueblo sabio. Pero no. Resulta que el bienestar del pueblo se procura mejor desde el cómodo asiento de piel de un jet de lujo Gulfstream. Faltaba más. 

A la señora gobernadora le encanta eso de volar, volar, por las antenas de televisión, aunque en su caso, prefiere volar por encima de la transparencia y las leyes de fiscalización.


La defensa de la funcionaria es una joya de la comedia involuntaria: jura y perjura que ni un solo peso del erario público se usó para pagar los vuelos de lujo y que todo salió de su bolsillo.

Vayamos a las matemáticas simples, de esas que no requieren doctorado: el sueldo neto de Mara Lezama ronda los 102 mil pesos mensuales. Alguien tendría que pasarle la receta al resto de los mexicanos de cómo ahorrar para pagar viajes de 400 mil o 800 mil pesos por evento con ese salario. 


Austeridad no es; puede que sea un milagro financiero que ya quisiera cualquier gurú de Wall Street. Por supuesto, el SAT debería tomar notas o, quizás, abrir un expediente por una clara discrepancia fiscal.

Pero el toque de genialidad en esta historia no es el gasto, sino los amigos que saltan involucrados en los vuelos. Resulta que los aviones pertenecen a PABE-TAX, una filial de Seguritech. Sí, la misma empresa megacontratista que opera los sistemas de seguridad del estado y que tiene contratos millonarios con el gobierno de Quintana Roo.


Extraordinaria coincidencia. Seguritech cuida a los ciudadanos quintanarroenses en tierra con sus cámaras, y a la gobernadora en el aire, prestándole alas para su aventura de volar, volar. Eso no es conflicto de interés, carajo, es una simple cortesía empresarial y "coordinación en las alturas".


La presidenta Claudia Sheinbaum, al enterarse, le pidió públicamente a la gobernadora una explicación. Y es que el asunto no se puede tapar porque se ha vuelto un escándalo nacional. 

Mientras en el discurso oficial se exige apretarse el cinturón y vivir en la justa medianía, en el Caribe mexicano la austeridad se vive a 30 mil pies de altura y con servicio a bordo para la familia de la señora mandataria. 

Al final del día, Mara Lezama nos ha demostrado que la pobreza franciscana no está peleada con el jet set. Solo es cuestión de saber elegir a los proveedores correctos para seguir cantando: ¡volar, volar!

La Expresión Continúa...

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