De la puerta hacia afuera
10 de octubre de 2026

Dr. Fernando A. Herrera
Sota, Caballo y Rey

La lección que Brasil le manda a Palacio Nacional…
Hay frases que explican una elección mejor que cien encuestas. Emilio Álvarez Icaza, exsenador independiente, exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos: hoy de los dirigentes de Somos, contó una anécdota que deberían poner en la puerta del despacho presidencial
Un viejo amigo de Luiz Inácio Lula da Silva le explicó al presidente brasileño, sin rodeos, por qué Flávio Bolsonaro le había ganado la primera vuelta: «Brasil cambió de la puerta hacia adentro, pero nada de la puerta hacia afuera. Por eso perdiste».
La frase es demoledora porque es justa.
Nadie puede negar que los gobiernos de Lula cambiaron la vida de millones de hogares brasileños. Con la Bolsa Familia y el aumento al salario mínimo, decenas de millones de personas dejaron atrás el hambre y la pobreza; por fin llenaron el refrigerador, renovaron la televisión, la motocicleta y, muchos, abrieron su primera cuenta de banco.
Esas mismas familias abrían la puerta y salían a la calle, con miedo y zozobra, afuera encontraban con el mismo Brasil de siempre: la inseguridad, hospitales saturados, una escuela pública deficiente, un transporte que no llega y la eterna corrupción que no se va.
El 4 de octubre, ese Brasil de la puerta hacia afuera decidió pasar la factura. Flávio Bolsonaro obtuvo el 47.03 por ciento de los votos y Lula el 45.16.
El presidente Lula, que alguna vez fue invencible, perdió tres millones y medio de votos, respecto de 2022, con su gobierno reprobado por casi la mitad de los brasileños y la inseguridad como principal preocupación de los votantes.
El próximo 25 de octubre se juega todo en segunda vuelta; sin embargo, el mensaje quedó registrado: el dinero en el bolsillo no compra lealtad, cuando la calle es un infierno.
Te lo digo, Lula, para que lo entiendas, Claudia. Porque si hay un país al que esa frase le queda como anillo al dedo, es a México.
De la puerta hacia adentro, el régimen tiene de qué presumir, y sería deshonesto decir que no. El INEGI, registra que la pobreza bajó al 36.3% en 2022 y al 29.6% en 2024; de este dato afirman que 13.4 millones de mexicanos dejaron la pobreza, comparados con 2018.
El salario mínimo pasó era de 88 pesos en 2018 y ahora es 315 pesos en 2026, y las transferencias de apoyo por los programas sociales llegan cada bimestre a millones de hogares.
Dentro de muchas familias mexicanas, la vida sí cambió. Pero basta con abrir la puerta y afuera los espera un sistema de salud que se desmoronó: en 2024, el 34.2% de los mexicanos no tenía acceso a servicios de salud, más del doble que en 2018, y los más vulnerables aumentaron de 37.9 a 41.9 millones de personas en estos últimos dos años.
Afuera hay Megafarmacia que no surte recetas y una clínica sin medicinas. Afuera está lo que queda de la carretera en la que uno de cada tres kilómetros está destruido.
Afuera están más de cien mil familias que buscan a un desaparecido, afuera hay las extorsiones al pequeño comerciante, el cobro de piso, el transporte asaltado. Afuera está un tren que viaja vacío, un aeropuerto solo y una aerolínea que pierde millones cada día.
Afuera falta lo que le toca hacer al Estado y que el dinero de la tarjeta del Bienestar no compra. Esa es la trampa del modelo.
Transferir dinero es fácil, rápido y rinde votos; construir un hospital que funcione, surtido regularmente, tener una policía confiable, una escuela que enseñe y una carretera transitable, lleva tiempo y es difícil y no se puede presumir en la mañanera de cada día.
Por eso el régimen hace lo primero, aunque descuidó lo segundo. Y para colmo, lo de adentro se está pagando con deuda: con una deuda pública que ya rebasó los 20 billones de pesos.
La recaudación de hacienda bajó porque los que meten huachicol sin pagar impuestos la han dejado temblando. La pregunta no es si el modelo es sostenible, sino cuánto tiempo más podrá sostenerse.
La lección de Brasil es incómoda para Palacio Nacional por partida doble.
Primero, porque llega de un amigo, y el gobierno mexicano apostó abiertamente por Lula, como lo hizo antes por otros gobiernos de la región que hoy están de salida.
Y segundo, porque desmiente la creencia más cómoda del oficialismo: que los programas sociales garantizan la permanencia en el poder.
Los brasileños que recibieron la Bolsa Família no se volvieron malagradecidos; simplemente se cansaron de vivir con miedo cada vez que salían de su casa.
Al final, los ciudadanos no viven nomás dentro de sus casas. Viven también en la calle, en el camión, en la sala de urgencias y en la carretera.
Un gobierno puede llenar el refrigerador, pero si no puede garantizar que los hijos regresen vivos de la escuela, tarde o temprano la gente le cerrará la puerta.
Así le pasó a Lula en la primera vuelta. Ojalá en Palacio Nacional alguien escuche al amigo de Lula antes de que la frase se repita en México: «cambiaste de la puerta hacia adentro, pero nada de la puerta hacia afuera. Por eso perdiste».

La Expresión Continúa...





