CFE (segunda grieta)
28 de septiembre de 2026

Sota, Caballo y Rey
Dr. Fernando A. Herrera

Si la primera grieta por donde se desangra la economía de México es el barril sin fondo de Pemex, la segunda no se queda atrás ni en magnitud ni en peligro. Nos referimos a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), otra de las llamadas "joyas de la corona" que se ha transformado en un cortocircuito financiero para el país.
Los ciudadanos comunes podríamos pensar que el recibo de la luz que pagamos cada dos meses cubre el costo de la electricidad que consumimos. Nada más alejado de la realidad. El costo real de mantener el monopolio eléctrico del Estado es una factura oculta que pagamos todos a través de nuestros impuestos. Para entender el despropósito de la CFE actual, basta con mirar con detenimiento sus números y hacer sumas y restas:
Segunda grieta
La CFE ha adoptado la misma conducta destructiva que su hermana Pemex: gasta más de lo que tiene y sobrevive gracias al dinero que le pasan del Presupuesto de la Federación. Para que los mercados y los usuarios no se den cuenta del problema, el gobierno federal le inyecta dinero. Tan solo para este año, el presupuesto destinado a cubrir las pérdidas supera los 80 mil millones de pesos.
Una cifra monumental que no se utiliza para modernizar la red ni para invertir en energías limpias o del futuro, sino para tapar las pérdidas de producir energía en plantas viejas, obsoletas y contaminantes que queman el combustóleo residual que Pemex no puede vender. Un círculo vicioso perfecto.
El argumento del gobierno es que el Estado Mexicano debe mantener el control del 54% de la generación eléctrica para garantizar la “soberanía” y supuestas tarifas bajas.
Sin embargo, la aritmética es terca: a la CFE le cuesta casi un 30% más caro generar un megavatio-hora en sus plantas que lo que le costaría comprarlo a productores privados de energías limpias como la eólica o solar. El gobierno prefiere obligar al país a consumir energía cara y sucia antes que aceptar que su monopolio estatal fracasó.
Al igual que en Pemex, el verdadero peligro de la CFE radica en sus pasivos. La empresa arrastra una deuda financiera que ronda los 481 mil millones de pesos, sumada a un pasivo laboral de pensiones desbocado que alcanzó recientemente los 554 mil millones de pesos. Aquí yace un contrato leonino sindical de sueldos y pensiones. El sindicato de la CFE goza privilegios escandalosos e insostenibles para la realidad económica del país. Hay cláusulas que permiten jubilaciones a edades ridículamente tempranas, hasta el absurdo de que a los propios empleados no se les cobra el consumo de la luz que el resto de los mexicanos pagamos a precios de oro.
Con estas pérdidas de operación recurrentes —y un sindicato que opera como un barril sin fondo—, la CFE es un negocio que, si fuera privado, ya habría cerrado.
La CFE insiste en gastar miles de millones en generar electricidad sucia e ineficiente, mientras tiene en el abandono las redes de transmisión y distribución. Los apagones masivos que sufre el país no ocurren por falta de luz en el sistema, sino porque las líneas de alta tensión, las subestaciones y los postes están obsoletos y rebasados por falta de mantenimiento y renovación.
La solución lógica salta a la vista: el Estado debe soltar la producción de electricidad y concesionarla a empresas privadas, que pueden generarla de forma más limpia, barata y sin costarle un solo peso al erario. La CFE debería concentrarse en la distribución y transmisión, un área donde por ley debe mantener el monopolio y donde sí puede tener un negocio rentable para la nación.
Mantener el capricho ideológico de querer ser autosuficientes en la energía tanto en Pemex como en CFE nos cuesta el dinero que hace falta en seguridad, en salud, medicinas, educación, infraestructura, carreteras, etc.

La Expresión Continúa...





